jueves, 7 de julio de 2016

Claro de luna; luz de sueños - Capítulo 4 - Nuestro destino

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Traigo capítulo nuevo! Me demoré como siempre que tengo un período en donde siento que mis personajes andan de huelga y el chocolate no sirve para sobonarlos (?) ¡Y hasta traigo dibujo! Para que vean que me esmeré en esta ocasión en hacer todo <3 o al menos, eso intento ^^u

Intentaré para el próximo capítulo también traer un dibujo. Quizás, más bonito que este lo hice casi cuando terminé el capítulo anterior xD





Capítulo 4

Nuestro destino

Shougo llevaba dos días dormido. Estaba delicado y sin pistas de lo que podía haberle sucedido. Sayo no sabía mucho de su condición ni de sus viajes, aunque Shouzo sí, pero no lo iba a decir tan fácilmente: la preocuparía y como ella estaba, pensaba que cualquier cosa solo empeoraría su condición, además, le había prometido a Shougo no decirle nada a su hermana de su último viaje.

Sanosuke vio a Sayo durmiendo apoyada en la cama de Shougo y la llevó a su habitación a que descansara. Luego, salió fuera encontrándose con Shouzo que traía leña con una cara de cementerio increíble. Sanosuke lo intuía, después de todo, siempre había sido un animal de instintos y por ello mismo, los seguía: algo pasaba y él lo sabía. Pero no quería iniciar una pelea, al menos, no ahora. Aunque no le costaría demasiado trabajo aquello, de eso estaba seguro que para dar el primer golpe no había nadie mejor que él.

Lo siguió hasta la chimenea, donde se inclinó echando un par de leños al fuego.

—¿Qué sucede?—

—No sé de qué hablas— respondió Shouzo sin apartar la vista del fuego.

—Es Shougo y sus viajes. Con lo devoto que es a su hermana no se iría cuando ella está mal. Y volver en ese estado ¿qué es? ¿Otra cruzada? Sé que hay algo grande en medio y sé que tiene a Sayo metida en esto—.

Shouzo no respondió y eso mandó a pasear la paciencia de Sanosuke tomándolo del cuello de su ropa para que lo mirara de frente y le respondiera. Debía conseguir información porque algo grande había sucedido. Dudaba que existiera alguien tan bueno para dejar en ese estado al espadachín y fuera lo que fuera que sucedía, estaba metido hasta el cuello como para regresar en esas condiciones. Pero de nada le sirvió, arrojándolo al suelo rechistando de mala gana.

Salió molesto de la casa teniendo que volver a entrar cuando la lluvia se largó nuevamente. Era como si el cielo compartiera algo con él. Debía quedarse dentro aunque no iba a compartir la misma habitación que el fiel lacayo de los Mutou. Así que se dirigió hacia la habitación de Shougo y se quedó viéndolo para luego, pasar a la de Sayo y quedarse en el umbral de la puerta contemplándola. Aun no se terminaba de acostumbrar a ese tipo de casas, demasiado occidentales, nada qué ver con las japonesas las que terminaba extrañando en parte, aunque no del todo. Podría ser que se sentía un poco más en casa que nunca aunque no fuera así.

—Toma todo lo que puedas. Hay que irnos— le dijo Shougo a Shouzo, levantándose apenas y sosteniéndose contra la pared.

Sanosuke se asomó al pasillo apenas sintió aquella voz. No hubo tiempo para sorpresas ni preguntas, simplemente, le alertó que había que dejar la casa lo más rápido posible. Sin respuestas, sin razones: sólo había que irse.

—Tú estás destrozado y llueve ¿a dónde diablos quieres ir?— preguntó enojado Sanosuke por aquella orden tan imprudente y repentina. Apenas se había levantado de la cama y ya quería irse de la casa. Estaba loco, lo sabía desde que lo había conocido con sus delirios religiosos, pero ahora, lo confirmaba.

Insistió un par de veces, hasta que se hartó y acabó estrellándolo contra la pared. No iba a hacer nada a menos que tuviera una buena razón para ello.

—Ellos vienen— y supo en los ojos de su adversario que había miedo: peligro. Él no habría tenido problemas en enfrentarlos, pero, advirtió que eran demasiados y demasiado fuertes. Quedarse no era sensato y exponer a su hermana tampoco, así que se irían y no habría nada más qué cuestionarle.

Prepararon tres caballos. Shouzo junto algunas provisiones y sus armas. Sanosuke cargó a Sayo en su espalda y aun con la lluvia intentando retenerlos, salieron a plena noche, yendo hacia un camino incierto.





Se detuvieron en el bosque, haciendo su campamento en una cueva deshabitada. Ya estaban lejos, así que el guerrero iba a exigir explicaciones. Y no se iba a detener hasta conseguirlas. Había protegido durante mucho a Sayo y no quería que le pasara nada, hasta en el caballo, se había asegurado de que no se mojara mientras andaban a todo galope con el peligro de que alguien los atacara en el camino. La noche no es la mejor hora para andar por el bosque, que los maleantes y contrabandistas aprovechan para hacer sus trabajos sin que nadie los vea. Afortunadamente, habían llegado con bien a su primera parada. Faltaba saber las próximas.

—Ahora nos vas a decir por qué estamos huyendo como ratas— dijo Sanosuke rompiendo el silencio que había alrededor de la hoguera.

Shougo sonrió de medio lado, sentándose erguido con una mueca de dolor en su rostro. Era obvio que estaba mal, no debía haber salido de casa de esa manera pero, había sido urgente hacerlo en cualquier estado.

Miró a todos y se detuvo en su hermana.

—Encontré la fuente de Dios— contó con orgullo —pero alguien más la halló primero. Un grupo de mercenarios. Tres de ellos son excelentes con la espada. No conozco su estilo, es algo que nunca antes había visto— confesó serio —¿Y qué haces tú aquí?— preguntó a Sanosuke al fin. Se había estado aguantando desde que habían cruzado miradas.

—Es una larga historia—

—Siempre son largas historias contigo—

—Me siguieron. Logré herir de gravedad a dos de ellos, pero no corrí con suerte. Sé que iban a casa por ustedes— siguió Shougo mirando el fuego—.

—¿Y qué hace esa fuente?— preguntó Sayo curiosa. No le gustaba que por algo así su hermano estuviera corriendo peligro. Ya en una ocasión había estado mal y no quería pasar por lo mismo otra vez.

—Te curará— respondió sonriéndole aunque ella no reaccionó.

 ¿Realmente habría algo que pudiera ocasionar ese milagro para ella? No lo dudaba, pero pensaba que si estaba la vida de sus seres queridos de por medio, lo mejor era dejar a la muerte seguir su curso, sin embargo, ninguno de los hombres presentes haría caso a su petición. Solo miró con tristeza las llamas hasta quedarse dormida pensando en una forma de disuadirlos, aunque le costaría, mucho. Sabía que quería atesorar sus vidas, porque la de ella, ya lo sabía, tenía los días contados.


<<Capítulo 3                                                                                                               Capítulo 5>>

Espero les haya gustado y venir con la continuación más rápido. ¡Se cuidan! Pasan un hermoso día y unas buenas noches.

Bye!

4 comentarios:

  1. Pobre Sayo, estando tan malita y con tantos hombres pendiente de ellas. Quizás sea eso lo que la ponga malita xD.
    Espero con ganas ver quien será quien la cure.
    Cuídate

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    Respuestas
    1. De hecho, pero es algo típico de la época también, pues, las mujeres no suelen valerse solas por ese entonces, salvo contadas ocasiones y como siempre estuvo muy ligada a su familia, bueno, se lo aguanta.

      Me alegro que te gustara <3

      ¡Cuidate!

      Bye!

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  2. Uy amo el toque les has dado al fic. Te deseo un buen fin de semana

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    Respuestas
    1. ¡Gracias! me alegra que te guste <3

      ¡Un abrazo!

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