jueves, 14 de julio de 2016

52 días de reto: día veinticuatro

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Yo muy bien <3 Finalmente, con mucho ánimo y espero, ya con las actualizaciones de todo lo que debo y quizás también de continuar con los otros retos que tengo en pendientes que son varios realmente xD así que es cosa de ponerme al día. Por lo menos, sigo con éste y hoy toca:

Día veinticuatro: Escribe un relato que termine con un cliffhanger. (un final de suspenso)



Autos

Trabajaba en el deshuesadero de su abuelo. Tenía una hectárea para la chatarra y una parte para su taller. Arreglaba autos, aunque más era lo que recibía y compraba como chatarra que los que podía salvar. Con la ayuda de Francis, su nieto mayor, había recuperado varios, algunos, por puro pasatiempo durante su adolescencia y al terminar el secundario, había decidido que quería tener su propio taller. Su abuelo, ni lento ni perezoso y con ese orgullo y afán de enseñarle todo lo que sabía sobre autos, decidió ponerle un buen reto. En la mañana, le habían llevado un Mustang Shelby del 67 del fondo del lago. Era un deshecho prácticamente. Estaba roto, oxidado y poco era lo que se podía recuperar de él, pero había visto el empeño de su nieto, así que pensaba que iba a conseguirlo.

—Si logras dejarlo andando, pondré tu nombre en la escritura del deshuesadero— le dijo colocando una mano sobre lo que había sido el cofre del auto.

Francis lo revisó de arriba abajo y le sonrió confiado estirando su mano para estrechar la de su abuelo.

—Ve llamando al escribano— le dijo confiado, buscando la caja de herramientas: era hora de comenzar a desarmarlo y rescatar lo que fuera rescatable y convertir en chatarra lo que no. Pero si de algo estaba seguro es de que él podría hacerlo.

Su abuelo lo miró con una sonrisa y se fue al tinglado detrás del taller. Tenía cosas qué hacer también.



Le llevó casi tres semanas completas repararlo. Maya iba seguido al taller a verlo al igual que Johann. Su madre se había marchado en un viaje de negocios, lo que se había vuelto una costumbre desde hacía un año exactamente, por lo que aprovechaban a hacer de las suyas en cuanto ella salía, aunque siempre terminaban en aquel deshuesadero junto a su hermano mayor, sin importar cuanta libertad tuvieran para ir y venir sin andar necesitando de permisos de su madre.

—¿Ya vas a volver a almorzar con nosotros?— preguntó Maya sentándose sobre la caja de herramientas cerrada, dejándole a un lado la comida.

Fran aún estaba bajo el auto mientras Johann daba una vuelta buscando a su abuelo por allí.
—Creo que iré a cenar con ustedes en la noche— aseguró al salir y dejar la llave que estaba usando a un lado.

—¿Ya funciona bien?— pregunto emocionada. Casi no habría visto a su hermano si no fuera porque volvía a casa a dormir y ella se encargaba de llevarle el almuerzo y la cena allí. Se la pasaba trabajando demasiado tiempo en el auto. Francis no desechaba un reto así como así, especialmente, si era de su abuelo.

—¿Quieres ir a probarlo?— preguntó limpiándose de las manos la grasa del auto.

Su hermana asintió entusiasmada. Se levantó de un brinco y recibió las llaves del auto. No tenía edad para conducir, así que saldrían a dar una vuelta donde nadie los viera que además, el auto tampoco tenía los registros, así que debían andar fuera de las calles transitadas. Tomaron el camino hacia el lago, una zona descampada y con poco tráfico salvo, el de cargo, así que les iría bien.

—Realmente eres un genio— dijo ella sonriente conduciendo.

—¿Alguna vez lo dudaste?— sonrió —baja un poco la velocidad—.

—Lo intento pero no puedo— dijo preocupada intentando maniobrar el auto. 

Él intentó ayudar pero no hubo éxito, menos cuando los seguros se bajaron solos: estaban dentro. El volante se movía solo y la palanca de cambios igual. Estaban atrapados y Maya se estaba poniendo histérica ya.

Francis, por otro lado, intentó hacer algo para salir del auto. Forzó la puerta, golpeó los vidrios, pero nada funcionaba y estaban cerca de sumergirse en el lago. Si no hacían algo rápido, no iban a tener la suerte de volver a contar absolutamente nada, así que se apresuró a buscar algo dentro. En la guantera, en los asientos traseros y acabó por encontrar la llave que había dejado dentro, rompiendo el vidrio delantero para luego, quitar rápidamente los excesos y saltar por ahí con su hermana, acabando rodando por el suelo mientras el auto se hundía en el lago.

Agitados y sorprendidos, se miraron y volvieron a ver el lago, que burbujeaba hasta que simplemente, todo quedó tranquilo, sabiendo que el auto quedaría sepultado en el agua.

Conmocionados, llegaron al deshuesadero casi al atardecer, encontrándose a su hermano con una nota de su abuelo, preguntándole exactamente por qué había desaparecido sin si quiera despedirse. Francis no entendía nada de lo que decía Johann, así que simplemente, le quitó la nota sin responderle, leyéndola en voz alta con frustración:

Sospechaba que no habías podido ver que el auto estaba habitado por alguien. Era cuestión de que lo terminaras para que todo marchase. Y como puede ser peligroso, nos veremos en una semana. Con cariño, el abuelo— y arrugó la nota —maldito viejo, siempre nos hace lo mismo—.

Francis entendía mucho más todo y ahora sabía por qué de todos los autos que le llegaban había decidido darle ese como un reto personal. Y es que no estaba poniendo en juego su habilidad para reparar un auto que era prácticamente, pura chatarra, estaba poniendo en juego sus habilidades como brujo que era. Y sabiendo cómo era, no iba a estar solo.

Maya y Johann no tardaron en preguntarle qué era exactamente lo que pasaba, hasta que Johann advirtió que había dejado el auto encendido. Con pánico, voltearon a ver y allí estaba: el auto que se había ahogado en el lago, con los faros encendidos y el motor rugiendo como si fuera una bestia enojada.

Rápidamente, el mayor ordenó a sus hermanos correr a donde fuera, aunque no tenían mucho refugio allí, en realidad, no tenían un refugio que resistiera a la embestida de un auto. Al menos, no arriba, rápidamente, los hizo entrar al taller y les ordenó meterse debajo del Jeep Ford desarmado y abrir la escotilla. El único lugar seguro que tendrían para mantenerse a salvo hasta idear un plan sería el cuarto del pánico. Y rogaban que nadie llegase a buscarlos o iban a tener que empezar a cavar un pozo.

Casi por un segundo, Francis no logró entrar, logrando cerrar la escotilla a segundos antes de que el auto arrasará con el Jeep. Los ruidos del auto embistiendo todo en el taller se escucharon durante un buen rato debido a que la escotilla había quedado algo dañada después del impacto, pero estaban a salvo que por mucho que el auto pudiera embestirlos, no podría bajar allí, así que debían pensar qué es lo que podían hacer para salir en una sola pieza.

Intentando recobrar la calma, Maya encendió una luz y maldijo a su abuelo sin ningún tipo de decoro. Siempre que les intentaba dar una lección para poner a prueba a alguno de ellos, acababan igual: los tres metidos en un problema del que probablemente, un hueso roto fuera lo de menos. Así había sido cuando habían aprendido a matar hombres lobos, casi Johann acababa en el hospital o cuando les tocó pasar sus vacaciones en la playa y encontrarse con la sirena, donde Francis casi muere ahogado. Y ella… las veces que… simplemente, no quería recordarlo pero sabía que quería algo mucho: una familia normal. Sin fantasmas, sin posesiones, sin magia de ningún tipo, aunque su madre les decía siempre que eso era imposible porque la magia corría por sus venas y era cuestión de que supieran darle un buen uso nada más. Pero ella odiaba los buenos usos.

—Perfecto. Tenemos un auto poseído que quiere matarnos ¿Qué hacemos?— preguntó Johann intentando que eso sonara lo más natural posible, aunque era bien sabido que cualquiera que los escuchara pensaría que simplemente, estaban locos —el abuelo te debe haber dado una pista para esto ¿no?—

Francis caminó un poco por la habitación. Era pequeña, tres por tres, pero había lo necesario ahí. Libros, comida enlatada y en polvo y agua de sobra. Sin contar que tenían una selección de armas de todo tipo allí abajo. Y es que nadie sospecharía de un subsuelo en una deshuesadero, precisamente, había sido siempre el mejor escondite de su familia para todo: nadie sospecharía que hay basura en la basura.

—Me dijo algo: el lago. Ahí estaba hundido. Si encontramos el cuerpo del fantasma que se hundió en el auto, tendremos algo—

—¿Y cómo piensas salir de aquí? El max cinco nos espera arriba y no tiene buen humor— se quejó Maya apoyándose contra la pared.

Se quedaron en silencio. Se habían arrinconado allí abajo y ahora, debían pensar cómo salir de allí y poder contarla para acabar con el espíritu. Pero Fran tenía una idea. Y si todo funcionaba, les daría tiempo para escapar al menos a ellos dos.

—¿Cómo vas con la telequinesis?— le preguntó a Johann.

—Ni creas que puedo contener a un auto— dijo asustado.

—Yo te ayudaré— se apresuró a decir Francis —el auto tiene su punto débil. A pesar de que haya un espíritu allí, si no tiene el auto completo, no puede moverlo. Por eso no pasó nada mientras lo arreglaba—

—¿Así que lo destruirás?— preguntó su hermana sorprendida. Después de verlo trabajar tan arduamente en él, se sentía realmente mal de que quisiera llegar a eso.

—Lo reconstruiré cuando esté limpio. Ahora, sólo necesito que lo contengas el tiempo suficiente para que yo destruya las llantas. Mientras, tú iras a la morgue de la policía y quemaras el cuerpo—señaló a Maya quien estaba a punto de negarse hasta que su hermano le dirigió una mirada mucho más seria.

Ella no quería hacerlo. Todo eso en lo que se metía su familia era algo a lo que ella no se jugaba: no le gustaba. Siempre pensaba que la mayor preocupación de una chica de su edad eran sus exámenes o su novio, pero ella debía preocuparse de la magia y de que, como aun no había demostrado todas sus habilidades, siempre podía despertar alguna cuando menos lo esperase.

—¿Cómo sabré cuál es el cuerpo?—

—Es calvo— dijo cerrando los ojos —lo vi antes de que nos metiéramos aquí. probablemente, encuentres restos de espuma en su boca— le dio como un dato extra, después de todo, había muerto ahogado, no vería mayores signos obvios en su cuerpo.

Entonces, después de ponerse de acuerdo y esperar la señal de Francis, que sería el primero en salir de allí, pusieron en marcha el plan, sabiendo exactamente hacia donde debía ir cada uno. Ahora, sólo les quedaba valerse de sus habilidades, la magia y que Dios los ayudara.






Bueno, es uno de los cuentos más largos que he subido al blog XD Los personajes son protagonistas de una historia más larga que en algún momento, compartiré por aquí. Son tres brujos que intentan vivir como personas normales pero que la vida les recuerda que no son normales. Aunque la trama principal de los tres, va por otro lado, en el momento en que lo publique, se enteraran xD

De paso, aprovecho para hacer promoción que me uní a un sorteo del blog Desvarios de una aspirante a Ilustradora, donde por el aniversario del blog, sorteará uno de sus diseños, así que para los que quieran participar —que realmente son preciosos sus trabajos <3—, los invito a que se sumen por el link de arriba o el de la imagen :D


Y eso sí, es todo. Espero les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡Oh! Que misterioso... parece una historia muy trabaja. Me gustó, estoy esperando leer más de esta novela.
    ¡Cuídate!

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    Respuestas
    1. De hecho, esta historia es puramente de misterios y eventos sobrenaturales xD es una de mis favoritas que hay todo tipo de criaturas y los protagonistas no son los típicos protagonistas buenos. Aunque aun la tengo en proceso espero pronto terminarla e ir subiendo todo por aquí.

      ¡Cuidate!

      Bye!

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