sábado, 11 de junio de 2016

Si perdemos el control - Capítulo 13

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 ¡Al fin vengo a actualizar esta historia! Morgan me anduvo colaborando muy poco en estos días, pero espero que no vuelva a suceder. De momento, les traigo este capítulo y quizás para mañana, tengan un nuevo cuento que ya casi, casi estoy terminándolo <3 Así que si los dioses me sonrien, mañana estoy subiendo todo o eso espero que vengo con varios días de intentar actualizar y siempre me pasa algo :,D






Capítulo 13

Dos veces más habían tenido apariciones en el hotel. Justamente, cuando se habían puesto de acuerdo para ver a los encargados del sistema de seguridad, las cosas habían sucedido evitando así las preguntas que tenían para ellos. Morgan estaba casi seguro de que había sido adrede todo y que, gracias a eso, habían ganado tiempo ¿para qué? No estaba seguro de qué es lo que estarían planeando, pero temía que intentaran llegar tan lejos como en los casos anteriores.

—¡Qué circo!— bufó Morgan pensando en que aún no tenían nada sólido para atrapar al responsable, pero cada vez estaba más seguro de que de fantasma poco había en el hotel.

—Yo iré a la habitación de Linda. Tú ve a la recepción— dijo Kysa tomando su bolso y sus lentes para separarse de él y agilizar las cosas.

Morgan la sostuvo de la muñeca y la retuvo un momento. Metió la mano en su bolsillo y sacando un pequeño aparato, lo colocó en su oreja y escondió un cable corto en su blusa, abrochando el micrófono al bretel de su ropa interior.

—Si sucede algo, lo sabré. Ten cuidado— le advirtió. 

Ella asintió y se despidieron con la intención de verse en el salón comedor apenas terminaran de hacer todo para luego, seguir con su investigación.

El detective, se fue bastante molesto pensando que tendría que presenciar el exorcismo exótico que hicieron en la habitación. Añoraba la suerte de ella que iba donde los payasos no estaban, pero no le quedaba otra opción si pensaban resolver todo rápidamente. Ya le estaba molestando estar en el hotel y tener todas aquellas apariciones y tumultos pues, los huéspedes eran curiosos y que hubiera tanta gente alrededor intentando averiguar qué es lo que sucedía tampoco era algo que le gustaba. 

Kysa iba al segundo piso. El ascensor demoraba así que  simplemente, se dirigió a las escaleras. Fue cuando vio a alguien salir de la habitación que compartía con Morgan y una caja de herramientas ¿Qué hacían allí? Estaba segura de que no habían roto absolutamente nada de nada. Iba a entrar a la habitación más, decidió seguirlo por el pasillo, lo más sigilosa que pudo.

—Morgan, lo estoy siguiendo. Salió de nuestra habitación— susurró siguiéndolo por la escalera.

—No hagas nada sola. Espérame— respondió él volviendo sobre sus pasos lo más rápido que pudo.

—No harás nada más— se escuchó la voz de un hombre a través del aparato preocupando a Morgan, olvidándose del ascensor para comenzar a correr por las escaleras.

Habían colocado un pañuelo con cloroformo sobre su boca, haciendo que Kysa quedara sumida en un profundo sueño. Ambos hombres se miraron y la cargaron dirigiéndose hacia la azotea. Todos estaban demasiado ocupados como para darse cuenta de las cosas que realmente estaban sucediendo.




Morgan corrió escaleras arriba tan rápido como sus piernas le permitían. No importaba si quiera si sentía dolor aquel día, el escuchar la voz del hombre a través del pequeño comunicador que llevaba hizo que se le erizara la piel. Sabía que tenía que haber dejado a Kysa ir abajo no sólo para evitar a sus ‘colegas’ sino, para evitar todo esto. Llegó al tercer piso y vio el ascensor abierto sin señales de ella ¿a dónde estarían? El único lugar que se le ocurrió fue la azotea. Detuvo el ascensor justo a tiempo, tomando al joven que estaba dentro del cuello de la camisa y botándolo fuera del cubículo con la petición de que llamara a la policía en ese mismo momento. Al menos, por su actitud, estaba seguro de que sería rápido. Y sin más, rogó que llegara rápido al último piso.

Apenas la puerta se abrió, corrió como alma que lleva el diablo fuera. Y había otra escalera. Si no le agradaban, en ese momento las estaba odiando como nunca. Las subió lo más rápido que pudo, intentando subir de dos en dos si podía, llegando al final a la puerta. No tenía ninguna certeza de que estaría ahí, después de escuchar el ruido del agua, todo sonido fue desapareciendo, haciéndose difuso. Escuchaba todo porque ella había dejado el transmisor prendido ¿y ahora? ¿Qué le daba seguridad? Nada. Absolutamente nada, y aun así, sin pensarlo mucho y tomando tan solo un hierro que vio al lado de la puerta, la abrió y salió, viendo a dos hombres en los tanques de agua. Su cuerpo ya no era lo mismo que era cuando estaba en la milicia, pero aun buena puntería tenia, usando la vara de hierro para lanzarla y darle a uno en la cabeza: uno menos. Había caído del tanque que medía unos dos metros, por lo menos, dándole algo de tiempo: le quedaba uno. ¡Y había otra escalera de por medio! Las odiaba, ese día había llegado a odiarlas seriamente.

—¿Qué harás?— lo retó serio el sujeto desenfundando un revolver que traía escondido entre sus ropas, deteniendo a Morgan en ese momento.

Él se detuvo, no quedaba mucho más qué hacer. Debía pensar rápido, ella estaba dentro ¿Cuánto iba a sobrevivir allí? Miró a su alrededor, algo debía ayudarlo, lo que fuera iba a venirle bien. Tenía cerca la vara, pero moverse implicaba un disparo nuevo. Y no le iba a molestar eso si no fuera porque podría no ser capaz de salvarla.

Suspiró. Se sintió realmente impotente en ese momento, cuando la puerta se abrió y encontró el momento justo para agacharse a tomar su arma nuevamente y lanzarla justo a la muñeca, haciendo que el revolver cayera al suelo, aprovechando el momento para tomarlo y subir las escaleras. No le interesaba mirar atrás y saber quién era que había llegado, aunque ya le agradecía haberle dado el momento de distracción justo que necesitaba.

—¿Qué pasa cuando los papeles cambian?— sonrió apuntándolo con el arma. Era bueno, no iba a fallar si se negaba a ayudarlo —dame las llaves rápido. Y tú, no dejes que se vaya nadie de aquí— le dijo a Rogert, quién había llegado al lugar, acompañándolo en ese momento tras su esposa y tres personas más —¡Rápido!— y disparó a un centímetro de su pie. La próxima, no iba a fallar y eso, hizo temblar al muchacho tirándole las llaves rápidamente. Apenas las tuvo en mano, mandó a volar el revolver corriendo a abrir la tapa ¡era pesada!

Rogert no sabía qué es lo que sucedía, pero al ver al detective de aquella manera, supo que lo que había allí, era importante, así que lo ayudó a correr la tapa para luego, ver su contenido: su compañera. Él logró tomar a Kysa entre sus brazos y la sacó de allí, cayendo con ella en brazos al suelo. Aunque su prótesis era buena, no era lo suficientemente como para cargar un peso extra, haciendo que perdiera el equilibrio. 

La muchacha estaba completamente mojada, helada. No terminó de ver aquello y llamó a la ambulancia y entre aquella distracción, el jefe de seguridad que antes, casi termina disparando, intentaba escapar, más, el sacerdote fue quien logró apresarlo antes de que saliera de allí. Aunque realmente, todos estaban a la espera de que ella tuviera algún tipo de reacción a los primeros auxilios. Había estado unos minutos bajo el agua y mientras llegaba la ambulancia y la policía, debían hacer algo por ella o si no…





La habitación estaba poco iluminada, ya era de noche y pronto, acabaría el horario de visitas. Aunque no lo sabía, sólo se sintió aturdida al despertar y verse en un bata celeste y el rostro de Morgan tenso. Tomó su mano y le sonrió, saludándolo. Y en ese momento, fue como si el alma le volviera al cuerpo y pudo respirar con una tranquilidad que no había tenido desde temprano. Sentía que hasta había perdido peso apenas escuchó su voz llamándolo: estaba bien.

—No vuelvas a asustarme de esa manera— le dijo besando el dorso de su mano. La sensación de alivio era demasiado grande como para disimularla.

—¿Qué fue lo que pasó?—

—Casi te matan—

—¿Y después?— preguntó ella haciéndolo sonreír.

—¿Casi te matan y no te preocupas?—

—Dijiste casi y estoy bien, mareada pero bien ¿Qué pasó? Tu ropa está húmeda y yo estoy aquí. Quiero saber ¿Está mal eso?—.

—Lograron atrapar a los fantasmas. Uno de ellos cantó como un gallo apenas dijeron que podían reducirle la sentencia si colaboraba. Confiscaron todo lo que había en el cuarto de seguridad. Incluso, las cámaras de nuestra habitación.

—¿Había cámaras?— preguntó sorprendida —entonces…— y de sólo pensarlo se sonrojó.

—Las quité antes de que pasara eso— la tranquilizó como si pudiera leer su mente en ese momento —aunque sospechaba que volverían, no pensé que podría ser tan rápido. Sabía que nos querían quitar del camino, por eso, te di el comunicador. Sin eso, quizás no hubiese llegado a tiempo—.

Más, no tuvo mucho más tiempo de continuar explicándole todo cuando Linda y Rogert entraron a la habitación. Ambos se habían quedado en el hospital esperando saber cómo estaba ella y tener un par de explicaciones con el detective que si bien, los había visto hablar con la policía en el hospital, no habían llegado a escuchar nada de ello, y tenían demasiada curiosidad como para dejar pasar las cosas así nomás.

—¿Cómo te sientes?— preguntó Linda a Kysa apenas entrar, acercándose a la cama con su esposo al lado.
 
—Mejor, gracias—

—No sabía que eras tan atlético. Me sorprendiste cuando te vi en la azotea— comentó Rogert haciendo que dirigieran la vista hacia Morgan.

Kysa lo miró con una sonrisa ¿Qué tanto había hecho allí? Y no tardó en enterarse que lo que no se vanagloriaba él, lo hacia Rogert, recordando todo lo que había sucedido y poniendo al tanto a la mujer de todo lo que había visto.

—Ser escéptico tiene sus ventajas— dijo Linda —atraparon a dos asesinos gracias a ello—

—No es escepticismo, es razonamiento. Algo que con sus aparatos, jamás aprenderán— respondió sonriente ganándose una fuerte mirada de odio de la mujer.

—Pero tú siempre estuviste muy seguro de que era una persona— intervino Kysa —y nunca me dijiste por qué—

—Porque los fantasmas no existen— aseguró el detective convencido de ello —y si observas bien, podrías haber encontrado todas esas pistas.  El contenedor fue lo principal, se cierra por fuera y es pesado. Dos personas debían trabajar en ello y ¡fueron dos!

—¿Y cómo explicas nuestros aparatos? Detectaron la presencia de un fantasma— volvió a enfrentarlo Linda. Estaba dispuesta a seguir hasta el final.

—NO— respondió él —detectaron ondas electromagnéticas, las que producen un celular, una cámara o un microchip. Todo eso estaba en las habitaciones que revisaron. Incluso, en el espejo, era todo producto de una mente muy despierta e ingeniosa—.


—¿Y cómo explicas lo de la voz? Nuestro traductor es infalible—
Él se rió.

—El traductor sólo repite patrones. Se adapta a los sonidos. Y ellos sabían con quienes trataban, no fue ningún problema que lo averiguaran y escondieran el audio por ahí. Pueden buscar las evidencias con la policía. Encontraran todas las armas fantasmales con ellos.

Y no tuvo más qué decirle. Linda quiso agregar algo pero quedó en nada. No tenía palabras para refutarlo. Y no quería seguir preguntándole tan sólo para sentirse más inútil todavía.

Se despidieron y los dejaron solos. Morgan se iba a quedar a pasar la noche con ella, los demás, volverían al hotel, al fin, a dormir una noche tranquilos, sin espíritus ni problemas. Sólo un dulce sueño después de tantos espectros.




 
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Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡Oh! Me ha gustado mucho, espero ver el próximo capítulo pronto y ver como lo vas a terminar. Sigo diciendo que estoy enamorada de Morgan. Me encanta.
    ¡Nos seguimos leyendo!

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    Respuestas
    1. La verdad, pensaba darlo por terminado con esto XD de hecho, había empezado el siguiente. Pero ya releeré no vaya a ser que me haya quedado algún cabo suelto con esto.

      ¡Cuidate!

      Bye!

      Eliminar

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