martes, 21 de junio de 2016

El brillo de los copos de nieve - Capítulo 3 - Madre

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Poquito a poco vengo con todas las historias que tengo en pendiente y espero, seguir con buena racha en estos días y actualizar todo lo que pueda, que creo, me faltan menos ya y si no me equivoco, ésta y Cita en el bar son las que más lentas van, así que quiero darles un poquito de prioridad. Espero les guste el capítulo que a mí, me encantó y eso que no soy muy fan del tema tampoco XD







Capítulo 3

Madre

Llevaban dos semanas de casados y las cosas no pintaban tan mal como ella se había imaginado que sería. Hiro era un hombre bastante amable aunque parecía de muy mal genio en general, se mostraba bastante atento con ella y ella, intentaba hacer lo posible para ayudar en la casa ya que no tenía mucho más pendientes. Hacia las compras, la limpieza y todo lo que estuviera a su alcance para que él, cuando regresara, no tuviera ningún pendiente salvo descansar.

Más, las sorpresas iban a comenzar a llegarle a Nadeshiko al atender la puerta esa mañana. Mariko, la hermana menor de Hiromu, había llegado a su casa con su hijo, apresurada, pasando y tirando los zapatos en la entrada mientras le hablaba con rapidez, sin darle tiempo a la muchacha a reaccionar. Cerró la puerta y la siguió dentro.

—Por favor, necesito que lo cuides. La niñera tuvo un accidente y mamá no está. Yuuhi es un irresponsable de primera y yo debo ir al trabajo. Eres mi única esperanza— dijo pasándole el niño a la muchacha, que no tenía idea si quiera de cómo cargarlo —aquí tienes una lista detallada de todo lo que le gusta y no. Aquí sus alergias, mi número de teléfono y en el bolso está todo lo que él necesita para pasar el día— dijo soltando todo en la mesa y el suelo, dejándole el carrito en la entrada.

Nadeshiko no tuvo tiempo a interrumpirla una sola vez. Y sin que le hiciera caso, la mujer salió de la casa, dejando sola a la adolescente con el niño, que al ver a su madre partir, comenzó a llorar ¡y era lo que menos idea tenía! ¿Cómo iba a hacer callar al bebé?

Buscó con rapidez la silla del niño y lo sentó encima, intentando leer alguna de las cosas que le había dejado de indicaciones ¡pero no había dicho nada de cuando el niño llorase! ¿Qué hacía? El niño seguía llorando y ella se ponía nerviosa porque no tenía idea de qué hacer. Probó con los juguetes y nada. Intentó hacerlo dormir y tampoco tuvo éxito. ¿Una siesta? No tenía idea. Era su primera vez cuidando a un niño y el llanto sólo la ponía peor. Lo cargó en brazos nuevamente y pensó que a lo mejor, el jardín podría ser justo lo que buscaba. Salir, tomar aire, sentir el ruido del agua del estanque podría calmarlo, así que no dudó en hacerlo. Además, el sol brillaba y a pesar del frío, ella recordaba que de niña, aquello le encantaba, así que ni lo pensó.

Rogaba a todos los dioses que aquello diera resultado y pudiera calmarlo, pero no tenía suerte, así que empezó a caminar lento esperando que aquello sirviera ¡en buena hora le habían dejado un niño a ella!

—Así no se va a callar. Probablemente, tenga hambre— aseguró acercándose la vecina, hablándole por encima de la cerca.

—¿Tiene hambre? ¿Y qué come?— preguntó sintiéndose peor. Ella iba a terminar llorando con el niño si las cosas seguían así.

La mujer sonrió y le pidió que esperase, que cerraría su casa e iría a verla a ella. Nadeshiko corrió dentro con el niño, abriéndole la puerta a la mujer que apenas entró, lo cargó y comenzó a arrullarlo antes de sentarlo en la silla y ponerse a trabajar, dirigiéndose hacia la cocina. Allí, sacó algunas frutas para hacerle una papilla. 

Nadeshiko la observó con detenimiento. La mujer trabajaba rápido, jamás había pensado que podría ser tan simple solucionar el problema. Cuando terminó, se sentó junto al niño y preparó a darle de comer. Comió cinco cucharadas y estuvo satisfecho, atendiéndolo para que eructara y luego, durmiera tranquilo su siesta.

Morimiya Ayame, como se había presentado la abuela, le explicó algunas cosas a Nadeshiko sobre el cuidado del niño. Incluso, como debía esperar ella a que el niño acabase de comer a su tiempo, sin prisas, sólo vigilarlo de cerca por si acaso.

—Cuando tenga hijos, ya sabrás esto y aprenderás otras cosas que sólo la practica te permite tratar— le sonrió tapando al niño con una cobija.

—Quizás. No creo que eso suceda con Hiromu— sonrió ella.

—Es tu esposo, seguro querrá—

—No creo. Nuestro matrimonio fue arreglado. No creo ser el tipo de mujer que busca él para formar su vida— dijo jugando con sus dedos, mirando su regazo—.






No era un día especialmente concurrido. El frío y la nieve que cubría las calles podría ser un gran contra para el negocio, aun así, tenían una buena clientela para ser un día tranquilo. Y se acostumbraban a los picos de clientela, especialmente, en los días festivos que era cuando las parejas salían a comer fuera, pronto lo verían con las fiestas casi encima, así que hasta había contratado a un cocinero extra para poder llegar con los pedidos.

Y mientras terminaba de hacer unas empanadas de carne, le sonó el teléfono del local. Lo había ignorado pero en cuanto Hana vino a buscarlo, no le quedó de otra que dejar las cosas un momento.

—¿Cuándo piensas poner teléfono en tu casa? Quería habar con Nadeshiko-san directamente—

—¿Qué quieres?— preguntó apoyando la espalda en la pared mientras cerraba los ojos escuchando a su hermana.

—Dejé a Ta-kun con ella. Llegaré más tarde de lo planeado. Hubo unos problemas en la oficina y me tendré que quedar un par de horas demás.

—¿Cómo que lo dejaste con ella?— gritó al escuchar la noticia. Lo que menos le importaba era su hermana ahora.

—Tampoco es para tanto. Ella aceptó de buena gana. Me tengo que ir. Nos vemos en la noche—

Y sin que pudiera decir algo más, ella ya había colgado. ¡Noticia que le había dejado! Y aunque había pensado en volver a la cocina, no iba a poder vivir tranquilo si no iba a verla. Avisó a Eiji que se encargara de todo y salió tomando rápidamente su abrigo y corriendo por la calle. Aunque Nadeshiko fuera muy buena, apenas había logrado llegar al restaurant ¿Qué iba a hacer con un niño sola todo el día? Estaba preocupado. Y renegaba que su hermana era una inconsciente, debería haberle avisado más temprano a él y no a ella.

Llegó agitado a la casa, habiendo hecho el camino más rápido de lo que se esperaba. Se quitó los zapatos y se dirigió a la sala, donde sintió voces. Para su sorpresa, Ta-kun dormía profundamente en su coche y Nadeshiko tomaba una taza de té con una señora mayor.

—Shiratori-san, bienvenido a casa. No esperaba que llegara tan temprano, sino yo había arreglado todo esto un poco— dijo preocupada, todo estaba en un completo desastre por su intento de atender al bebé ella sola.

Él sólo suspiró y se acercó a la mesa, haciendo una reverencia hacia la señora para luego, sentarse. Se había preocupado por nada.

—Está bien así, no te preocupes—.

—Ella es Aya obaa-san[1] vino a ayudarme a cuidar a Ta-kun. Es muy buena con los niños, Ta-kun no lloró una sola vez mientras ella estuvo— contó con sorpresa, sin dejar de sonreír —si ella no hubiese llegado, no sé qué habría hecho.

—Lamento las molestias— se excusó Hiro poniéndose de pie más tranquilo al ver que se había preocupado por tonterías nada más —me encargaré de hacer el almuerzo. Me gustaría que nos acompañara— la invitó, más, Ayame rechazó la oferta alegando que tenía cosas qué hacer y que en otro momento, iba a regresar.

La acompañaron hasta la puerta, donde la despidieron, más, ella invitó a Nadeshiko y a Hiromu a que fueran a buscarla si llegaban a necesitar cualquier cosa.

Y sólo llegar dentro, él respiró con tranquilidad. Nadeshiko se lo quedó mirando a lo que él sólo sonrió.

—¿Te sientes bien?—

—Sí. No te preocupes— dijo revolviendo los cabellos de ella con ternura dirigiéndose hacia la cocina —mi hermana llamó y pensé que realmente, ibas a poner la casa patas para arriba intentando hacerte cargo de él— buscó un refresco en la heladera y le dio un sorbo. Realmente, había quedado con la garganta reseca.

—Fue todo muy sorpresivo. Yo no sabía qué hacer—.

Él la miró con una sonrisa, rodeó su cintura con su brazo derecho y se inclinó a darle un beso en la frente.

—Lo hiciste bien. Serás una buena madre algún día— y la soltó, dejando la lata de refresco sobre la mesa y abriendo la heladera, viendo qué era lo que iba a preparar para su esposa.

Todo había empezado bastante de mala gana pero, no era tan malo estar casado con aquella mujer. Su vida era una continua sorpresa desde que ella había llegado a vivir a su lado.



[1] Obaa-san (お祖母さん) es una forma respetuosa de llamar a abuela a una mujer mayor—siendo que no se haba de la abuela propia, sino, de la abuela de alguien más—. También se utiliza para referirse a una mujer de edad avanzada.



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Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan! Pasan una linda noche y un bonito día <3

Bye!

6 comentarios:

  1. ¡Oh! Bueno Hiro no es tan mala persona después de todo. Un poco seco, pero supongo que con el tiempo se volverá un amor.
    Vamos, eso espero...
    ¡Cuídate!

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    Respuestas
    1. La verdad, es que sí, es un poco de esos bastante relajados que poco se alteran xD y a veces, es complicado plasmar todo eso en el papel.

      ¡Cuidate!

      Bye!

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  2. Uy veamos como les va, te mando un beso

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  3. Empiezan a surgir sensaciones entre los dos.
    Si bien la hermana de Hiro fue una impulsiva, creo que esto iba romper una de las tantas murallas entre Nadeshiko y él.
    Me gusta como se portan.

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    Respuestas
    1. Un poco sí, pero eso es lo que da un poco de impulso a los dos, las sorpresas del día a día jajaja

      ¡Un abrazo!

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