martes, 21 de junio de 2016

52 días de reto: día once

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Siguen los días de reto y ahora, tema que me gusta que pretenden que haga una historia con la comida, algo que creo, jamás he hecho, así que a verme como me las arreglo para que quede algo decente y que la comida sea la protagonista que, si no me equivoco, a veces, ni si quiera menciono esto, es simplemente, comieron y ya (?) Se entiende por omisión en todo caso.

Los protagonistas del cuento son personajes de mi novela Si perdemos el control, así que no entraré mucho en detalle con ellos, pero si quieren, pueden pasar a leerla <3 que espero pronto estar actualizando.

Día once: Describe algo que has comido esta semana: los colores, texturas, sabores…



Si pasas la prueba

No le agradaba. La idea de compartir a su único amigo era algo que no le agradaba en lo absoluto y aquella mujer, había empezado a rondar la casa demasiado seguido y a Morgan no le gustaba en lo absoluto. Pero tenía un par de cartas bajo la manga que al parecer, el convivir no era un problema para ella, que hasta lo soportaba y hacía buena letra con él.

Marissa se había quedado a dormir y él, había aprovechado a levantarse temprano. Jack dormía como un bebé y ella también, así que no tuvo ningún tipo de problemas. 

Se quedó en la puerta esperando que llegase el camión y apenas vio al muchacho, se apresuraron a bajar las jaulas. Había veinte gallinas en total, seis palomas y seis patos. Y como postre, una cabra. Pagó por ellos y fue llevándolos lentamente a la habitación, siendo la cabra la última en entrar. Trabó la puerta con llave y empezó a sentir el ruidaje dentro. El cacareo, aleteos y cuando sintió la madera embestida, supo que era su pase para marcharse de ahí.

Marissa abrió los ojos con modorra y al ver a la cabra en frente de ella masticando la almohada, pegó un grito haciendo que el animal se asuste y ella, asustada como estaba, no hizo más que simplemente, despertar a Jack, pero la cabra tenía algo contra ella, acabando encerrándose en el baño mientras su novio veía el desastre en que se había convertido su habitación. Tenía una gallina enredada en su remera. Así, no había tenido tiempo ni para sentirse con modorra que ver eso, lo despertó de golpe y peor, ver a la cabra envestir la puerta del baño fue peor.

Corrió a la puerta de la habitación, pretendiéndola abrirla para sacar a todos los animales, esquivando más de un picotazo, encontrándose con que estaba cerrada. Maldijo a su amigo y estaba seguro de que iba a cobrarle una por una las cosas que estaba pasando en cuanto saliera de allí, pero antes, fue a revolver los cajones de ropa buscando la copia de la llave pidiéndole a su novia que aguantara lo más que pudiera allí, que él iba a solucionar todo.

Abrió la puerta y fue directo a buscar a Morgan, habiendo sacado a varias gallinas y algunas palomas que sólo ver que había abierto la puerta, salieron. Sólo tenía que abrir la ventana y ya, serían problema de la ciudad, pero debía encontrar a su amigo para ayudarlo con todo eso, más, no había señales de él por ningún sitio.

Le tomó media hora hallar algo que le sirviera a modo de red y correa, hasta eso, la madera que era parte de la puerta, había quedado bastante maltratada. Todo estaba hecho un completo desastre por lo que llevaría demasiado limpiar.






Ya estaba atardeciendo cuando llegó a la casa y vio una gallina pasar entre sus piernas directo hacia la calle.  Un joven se hizo paso para capturarla. Morgan sonrió pero se puso serio apenas vio a Jack aparecer y mirarlo de manera tan seria como amenazante.

—¡¿En qué diablos estabas pensando?!—

—Salí a dar un paseo ¿debí dejar una nota?— preguntó quitándose la chaqueta y yendo directo a la cocina con Jack refunfuñando, pero sin perderle la pista.

—¡Me dejaste una granja en mi habitación! Y encima, me encierras ¿Qué pretendías? Sólo quería dormir sin tener una cabra persiguiendo a mi novia y una gallina entre mi ropa.

—¿Las palomas no hicieron nada?— preguntó abriendo una lata de cerveza con total despreocupación.

Jack se revolvió el cabello y caminó un poco por la habitación. Morgan veía todo con una expresión llena de diversión. Pero sobre quién más quería saber era sobre ella ¿habría sido lo suficiente para sacarla al fin de su vida? Más, no tuvo aquella suerte. Jack lo dejó encargado de que el muchacho se llevara a todos los animales mientras él iba a casa de su novia por aquella noche. Un golpe bajo para él.

Había sobrevivido a todo. A las bolas de pintura, a la bomba de olor, hasta al sapo que había metido en su bolso. Parecía un niño haciendo berrinche, pero hasta había perdido una buena silla por aflojarla para que ella se cayera y se fuera. Y sin embargo, aún no dejaba a Jack.

Encendió la televisión y se sentó frente a ella a terminar su cerveza.






Volvió a los tres días. Ninguno de los dos creyó al cruzar la puerta el olor tan sabroso que sentían: comida casera. Y curiosos, fueron a investigar a la cocina, encontrándose a Morgan cocinando ravioles con salsa blanca y carne roja. Veian sus manos manchadas con el fino polvo de la harina y la encimera aun con restos de masa cruda y sobrante. Todo estaba perfectamente predispuesto para dos platos.

—¿Tendrás compañía?—

—No, es para ustedes— dijo terminando de trocear el perejil para echarlo a la salsa roja y espesa, viendo escapar el vapor al sacar la tapa. Todo lucía demasiado bien.

Jack no creía que todo eso fuera bueno ¿realmente lo era? No se lo creía, más viniendo de Morgan y de todos sus intentos para espantar a Marissa.

—No me digas que le pusiste laxante o piensas drogarla y que despierte en medio de la India— señaló dudoso la fuente con los ravioles que iba sacando del agua hirviendo, dejándolos en un colador antes de acomodarlos en el plato y servir.

—Por supuesto que no. La India es un destino muy caro—

—Morgan— lo miró Jack a lo que su amigo terminó por tomar un tenedor, pinchar un raviol y comerlo, sin dejar lugar a dudas de que la comida era perfectamente comestible —ahora, prueba la salsa— lo animó, que se cocinaban por separado y que, sabiendo cómo era él, no se podía confiar al cien por ciento por ahora.

Y ya más tranquilos, acabaron por aceptar la cena que él les había preparado. Sirvió todo y dejó a la pareja cenando en el comedor. Él, se lavó las manos, se quitó el delantal, tomo la chaqueta y se fue de la casa a algún bar. Jack estaría bien aquella noche sin él.






Tenia planeado este cuento desde hacía tiempo aunque recien ahora me senté a terminarlo. Es uno de los más vivaces que he subido de estos personajes. Me ha gustado mucho hacerlo y para rematar, iba la descripción de la cena al final.

Espero les haya gustado <3 Se cuidan <3

Bye!

2 comentarios:

  1. Me sigue sin gustar Marissa, pero hay que decir que tiene valor aguantar a Morgan. Me a gustado mucho, ojalá escribas más relatos sobre ellos.
    ¡Cuídate!

    pd: Vigila tu dedito no te hagas más daño.

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  2. Pues, tiene que hacerse caracter para no divorciarse con amigos como Morgan al lado de su esposo xD A mi me agrada mucho por eso, no cualquiera hace eso.

    ¡Cuidate! E intentaré ser más cuidadosa ^^u

    Bye!

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