viernes, 17 de junio de 2016

52 días de reto: día ocho

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien que seguimos con el reto. Y me puse a rebuscar en mis cuadernos el día de hoy que la consigna pide sacar a la luz un relato viejo en otro narrador. Y bueno, pensaba reescribir alguno del blog pero me decidí a que iba a indagar un poco más en el pasado y sacar a la luz alguno que no hayan leído ya. Y entre cuadernos, polvo y telarañas, terminé encontrando éste. El cuento, un poco extenso por lo que publicaré aquí el cuento con narrador cambiado y haré otra entrada para publicar el original, así el post no queda tan largo.

Les cuento que este es un sueño —porque me encanta hacerle honor al nombre de mi blog—, del 2010. Es flojito para lo que escribo ahora, que lo releí y vi muchos errores y puntos y aparte que no eran tales y malos usos del punto y seguido. Un horror realmente XD Aunque me hizo sentir bastante bien en cuanto a lo mucho que he mejorado en cuanto a mi prosa. Por supuesto, ustedes leerán la versión corregida y mejorada <3 Quizás, le saqué una foto para que vean el trabajo original.

Día ocho: Reescribe algo que escribiste hace tiempo, pero usa un narrador distinto. 



Un nuevo final

Iba por la ciudad caminando con un grupo de unos cuatro o cinco chicos. Las calles estaban bastante tranquilas, el sol se ocultaba y a pesar de estar en la ciudad, todo parecía desierto.

Caminaban muy tranquilos. La única  que no iba prestando atención a lo que decían era ella. Se distraía mucho aunque seguía con ellos.

Anduvieron un poco más y pasaron frente a un castillo gótico. Era increíble encontrar algo así en medio de aquellas casas tan bonitas y pequeñas y él, desentonando ahí con su aura lúgubre y oscura, como si destilara algo realmente siniestro desde él. Y así, le llamó la atención por lo que hizo que los otros también se detuvieran frente al castillo. Lo miraron por unos instantes antes de que les comentara a sus compañeros que sentía curiosidad y que quería entrar a verlo. Pero ninguno la apoyó, así no se llevarían ninguna sorpresa desagradable al ingresar.

Entró sola. No le importaba ir sola. El castillo y lo que fuera que pudiera haber dentro no le causaban miedo sino curiosidad, así que no le importó dejarlos fuera.

Una vez cerró la puerta, la habitación de la entrada quedó algo oscura, aunque no tanto ya que entraba algo de luz de los vitrales que estaban cerca del techo, el cual, desde aquel lugar parecía realmente inalcanzable.

La habitación era majestuosa y estaba decorada con tanto estilo y maestría que parecía sacado de una película. Era tan elegante y macabro a la vez, entre lo barroco y lo gótico que encajaba a la perfección entre lo que se veía. Se quedó maravillada con ello.

Dio un par de vueltas y se encontró con muchas escaleras, incluso, en la misma habitación se podrían llegar a encontrar tres o cuatro a diferentes lugares. Volteó algo indecisa, aprovechando a mirar el detalle de cada cuarto antes de decidir a dónde debía ir: el subsuelo.

Bajó con cautela debido a que la luz era escasa y no veía absolutamente nada de lo que había, pero no se detuvo. Al llegar al suelo, se encontró con una habitación sumamente grande, con una iluminación muy tenue. Las paredes estaban tapizadas con madera perfectamente pulida hasta la mitad de la pared, el resto, tenía una mano de pintura de un tono canela muy bonito. No había muchos adornos allí, era un cuarto bastante sobrio a diferencia del resto que había visitado.

Y fue el primero en donde vio a alguien. Parecía un hombre demasiado grande y en cuanto se puso de pie, lo vio mucho más inmenso que antes. Había estado acurrucado en el rincón izquierdo del fondo, como si estuviera mirando algo fijamente. Le produjo algo verlo así, quizás, se conmovió, y así, se animó a acercarse a él e intentó poner su mano en su brazo, más, se corrió asustado y por impulso, ella se echó hacia atrás. No sabía qué hacer, sólo lo miró. Él, hizo lo mismo y en unos segundos, su rostro se relajó y le sonrió. No entendía nada de lo que estaba sucediendo.

—Es bueno verte bien— le dijo como si me reconociera ¿Quién era? Aunque él le había dicho eso, ella no tenía idea de quién era.

Se quedó mirándolo mientras caminaba. Era alto y su piel era tan pálida que estaba segura que el papel seria oscuro si lo comparaban. Volvió por ella, la tomó de la mano y la jaló suavemente a que lo siguiera.

Se fueron por una escalera caracol que estaba frente a un cuadro. Era mucho más extensa y amplia que las otras que había visto. Llegaron al primer piso. Todo estaba perfectamente alfombrado, de punta a punta, brillando en un tono gris perla casi de ensueño y sobre aquella alfombra, se veían en el centro algunos dibujos extraños. No llegó a hallarle forma a ninguno pero él le aseguró que todos tenían un significado que en algún momento, conocería. 

Se quedó con las dudas.

Se fueron por un largo pasillo lleno de puertas. No supo cuántas había pero contó más de veinte antes de perder la cuenta.  Se detuvimos cuando encontraron a una pareja en una de las habitaciones: Laura y Patricio. Ella le saludó con un beso en la mejilla, llena de alegría. No sabía quiénes eran ellos tampoco, pero deseaba recordarlo.

Hablaron un rato cuando la habitación comenzó a llenarse de agua. Las puertas se cerraron, no había forma de salir de allí y todo comenzaba a volverse más intenso todavía. Estaba helada y no había hueco por donde escaparse. No supo por qué sucedió esto, aunque ellos parecían más seguros de que iban a poder salir pero nadie le decía nada de nada. Igual, intentaron abrir una puerta en vano, ya cuando el agua rebasaba los dos metros, se hizo mucho más difícil pensar que iba a solucionarse todo. Cuando se dieron cuenta, quedaron tapados por ella, viendo llegar la inminente muerte. Estaba segura de que sentía sus pulmones llenarse de agua que se incrustaba como si fueran agujas. Dolía, realmente dolía todo aquello.




Despertó en una habitación que no había visto anteriormente, completamente verde, incluso, las sabanas que le cubrían iban a tono. Su ropa estaba seca y cambiada ¿Quién lo habría hecho? Apenas puso los pies en el suelo, sintió pasos y se dio con que no estaba sola. Un hombre entró y la miró con una sonrisa amplia y amable. Una sensación extraña le recorrió completamente aunque era agradable. Se sentía bien y tenía la sensación de que habían sido muy cercanos aunque tampoco conocía su identidad.

Era alto, ella siempre fue una mujer alta pero aun así, apenas llegaba a rozar su hombro y hasta le faltaba altura. Por primera vez, se sintió pequeñita al lado de un hombre. Le gustaba mucho su cabello, ondeante mientras caminaba, largo y recogido en una simple coleta baja. Se veía sumamente sensual. Se le había quedado mirando como una idiota, especialmente, cuando su mirada brillante se encontró con la suya. Sus ojos eran negros pero tenían un brillo y un aura de misterio envolvente en ellos. Y casi, sin que se diera cuenta, se había acercado a ella y le había rodeado por la cintura, llevándola a otro lado.

Lo llamaban Doctor. No upo por qué, si es que era factiblemente un doctor, un científico o algo más, era simplemente, el nombre con que lo conocía era ése. Apenas se encontraron con el gigante, la dejó a su lado, pidiéndole que la cuidara ¿de qué? No tenía idea, más, él le sonrió antes de marcharse y eso fue suficiente.

Se fueron a otra habitación tomando un libro antes de salir al pasillo y dirigirnos al final del mismo, éste daba origen a otra serie de pasillos, tomando el del medio. Aquel lugar era más grande de lo que se imaginaba y estaba hecho de tal forma que, si no lo conocías, te perdieras en él como si fuera un laberinto.

En ello, se enteró de que se estaban preparando para una batalla. Hablaban de un contraataque ¿cómo? ¿Por qué? No sabía, es más, nunca había notado signos de violencia ¿Qué sería todo esto? No entendía nada.

No se enteró de más detalles sólo aseguraron que todo iba a estar bien y eso no la dejó tranquila en lo absoluto ¿Qué es lo que tenía que estar bien realmente? Todo estaba bien antes de entrar ¿por qué cambiaría? No sabía si había sido una buena idea entrar. Pero cuando volvieron a encontrarse al Doctor, ya no pensaba de la misma manera.

Apenas llegó, comenzó a hablar de estrategias, armas, cosas que debían conseguir y un dulce, aunque dijo que eso era sólo capricho propio.

La hizo reír.

Hasta ahora, él era el que más hablaba. Éran tres y sin embargo, ninguno era tan parlanchín como el Doctor que parecía hablar por los tres y tres más también. Si había silencio, sacaba tema de conversación o salía con uno de sus grandes monólogos. Era un hombre muy inteligente y si bien, ella no llegaba  entender todo lo que decía, especialmente cuando era especifico, como hablando de estrategias, el universo o la fuerza, ella se sentía llevada por sus palabras ¡era tan apasionado! Y se sentía que era muy cuidadoso al elegir cada palabra que usaba. Hablaba rápido pero entre eso, aun se sentía su dedicación por la oratoria. Lo admiraba.





Recorrieron varias habitaciones del lugar y aun así, les quedaban cientos que no habían visto ni verían. El castillo era realmente interminable. Le pareció notar que era igual que el Doctor, parecía que entre ellos, había algún tipo de conexión. Era extraño, realmente extraño, pero había comenzado a notarlo, especialmente, cuando él quería abrir puertas y aparecían de la nada o cuando estaba feliz y las luces se volvían más intensas, casi cegadoras. Si estaba mal o decepcionado, todo se volvía más oscuro y tétrico. Parecía todo estar conectado a sus emociones.

Ahora, estaba sereno por lo que se veían las luces tenues y un ambiente realmente tranquilo. Comenzaba a entender un poco todo. Sin duda alguna, el Doctor era alguien demasiado particular. Y le gustaba así. Iba vestido de negro, con una gabardina larga y sumamente suave al tacto. Tenía tanta elegancia que seguía pensando que era como el castillo: elegante y oscuro a la vez.

Dieron una vuelta hasta llegar a una escalera roja y se dirigieron al piso superior. Había una habitación al final del pasillo, la cual, no era menos extraña que las demás que habían visto. Dos gárgolas en la puerta esperaban a sus visitantes y casi juró que la siguieron con la mirada hasta que la puerta se cerró.

Era una de las habitaciones más iluminadas. Las paredes estaban casi hecha de vitrales y como en todas las otras donde había vitrales, sólo contaban con tres colores: rojo, amarillo y el clásico transparente. En general, no formaban ningún dibujo, sólo estaban distribuidos de manera irregular, aunque, como todo allí, algo debía significar.

Esta habitación estaba mucho más decorada que las otras, incluso, hasta había varios cuadros de distintos períodos artísticos. El primero que vio fue el de dos centauros luchando entre sangre y vísceras. Había un paisaje impresionista y dejó de mirar cuando se detuvo en uno de ellos: el retrato de una mujer con un vestido típico del renacimiento. Tenía el cuello al descubierto y su cabellera suelta cayendo a un lado de uno de sus hombros. Detrás de ella, había un vampiro dispuesto a morderla. Pero la serenidad del rostro de ella y aquella postura en la que se encontraba, con su cuello al descubierto daba la sensación de que lo sabía y estaba bien con ello: lo aceptaba. Llamaba particularmente esa predisposición ¿por qué? Había tanta paz en su mirar a pesar de su situación.

—¿Te gusta?— le preguntó el Doctor al oído.

Se sobresaltó, estaba tan concentrada que se asustó. 

Asintió.

—Todo esto fue un legado de mi padre— le contó abriendo los brazos, señalando todo lo que había allí, sonriente —y yo he decidido que todo esto, el castillo entero, te pertenezca a ti— y la tomó de la cintura, atrayéndola a él.

No sabía qué decir. No sabía cómo sentirse. Era demasiado para tan poco tiempo.

—Todo esto es tuyo— dijo una vez más, asegurándole de ser la dueña de todo ¿y realmente por qué lo hacía? No había pedido nada de ello, pero ya lo tenía ¿Qué pasaba? ¿Por qué se lo daba todo a ella tan fácilmente? Se sentía más perdida que antes.

Le dio un beso en la frente y la soltó. Vio como él se movía por la habitación con una destreza y ligereza que si no fuera porque lo veía caminar, juraría que se elevaba, flotaba por todos lados.

El Doctor miró unos libros y acabó dirigiéndose a un cajón. Abrió y revolvió su interior y terminó por abrir varios más. Aun no  dejaba de sorprenderle el lugar, todo aparecía y desaparecía con tanta facilidad. Abrió un último cajón y una sonrisa se dibujó en sus labios. Dejó todo de lado y se dirigió a la puerta. Sus ojos brillaban con más fuerza ahora mismo.

Lo siguió. Lo seguíiguió sin decir nada y es que estaba segura de que podía confiar en él sin preguntar nada. Estaba tranquila a su lado.

—Ya estamos cerca de conseguirlo— dijo él y siguió avanzando a paso rápido ¿qué buscaba? Al parecer, estaba escondido en el mismo castillo ¿por qué no lo había encontrado antes?

Iba tan concentrada en sí misma que se detuvo y acabó golpeándose contra su espalda por no haber estado al pendiente. Se detuvo de golpe lo que la desorientó mucho más de lo que ya estaba. Él volteó guardando aquello que llevaba en sus manos en el bolsillo de su chaqueta cuando el sonido de los cristales rotos del techo se hizo eco en todos lados. Sólo sintió que él la abrazó y la tiró al suelo.

No entendía nada y tenía un muy mal presentimiento de todo ¿esta era la guerra que tenían? No entendía nada, sólo sabía que él no reaccionaba. Estaba encima de ella pero ya no escuchaba su melodiosa voz o veía el brillo de sus ojos. Lo acomodó a su lado y vio sus manos manchadas con sangre. Tan sólo fue ver en su espalda como un cristal había atravesado su pecho.

Sintió que se le hizo un nudo en la garganta y sus manos temblaron conjunto con ello.

—¿Por qué?— preguntó ahogada, no podía hablar bien.

—Porque eres tú. Por eso— respondió con su mejor sonrisa mientras sus lágrimas escapaban de sus ojos. No podía evitar llorar en ese momento. Aun no supo cómo él tenía fuerzas para sonreír de una forma tan sincera después de todo.

Sintió el ruido, un par de gritos, pero nada de eso importó. Sólo pudo ver aquella sonrisa tierna y fuerte de su querido Doctor. El castillo se iluminó cuando él lo hizo ¿cómo podía sonreír en un momento así? Tomó su mano y le dijo algo que no terminó de entender y de pronto, todo se volvió oscuro y él… su cuerpo se había disuelto en partículas de luz.

Ahora, todo aquello era suyo, incluso, aquel secreto que él no llegó a revelar.


El original está en primera persona, así que lo cambié a una tercera. Iba a probar con una segunda, pero realmente,  no quedaba para la historia. Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan!

Bye!

4 comentarios:

  1. Oh, que triste... me ha gustado, quizás me ha costado de entender un poquito, pero ha sido muy tierno.
    Nos seguimos leyendo <3

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    Respuestas
    1. Me ha costado realmente porque interpretar los sueños a que salga algo coherente a veces es difícil xD Pero es satisfactorio después de todo <3

      ¡Cuidate!

      Bye!

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  2. Me gusta, lograste ese tono trágico de buenas ficciones. Y me dejaste con la intriga.
    Bien escrito.

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    Respuestas
    1. ¡Oh, muchísimas gracias! Me alegra haber logrado eso que como era algo viejito también, me costó darle forma nuevamente XD

      ¡Cuidate!

      Bye!

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