miércoles, 11 de mayo de 2016

Claro de luna; luz de sueños - Capítulo 3- Con la luna de testigo

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Retomando mis historias que quiero continuarlas a todas mientras puedo, que a esta la venía teniendo un poco parada porque quería hacerle una bonita portada y al final, no la hice XD  La verdad, me he sentado varias veces a hacer algunos dibujos y ninguno me ha terminado de gustar, así que se los debo para el siguiente capítulo o eso creo, que sino, será para el siguiente de ese (?)




Capítulo 3

Con la luna de testigo

Estaban solos en la casa. Shougo aún no regresaba de su viaje. Viajaba mucho desde que la salud de su hermana había empeorado. Tenía la esperanza de encontrar la cura a su enfermedad aunque, ya no como el hijo de Dios, sino, como un humano que se esforzaba todo lo posible e imposible para conseguirlo.

Se valía de la medicina, de la ciencia, de cuanto avance pudiera llegar a probar como efectivo y hasta de las leyendas. Existían tantas sobre cosas imposibles, pero ¿Qué perdía? Había perdido mucho, a sus padres, a su tierra natal, la vida que llevaban allí, no podía perder a su hermana ahora siendo lo único que le quedaba seguro. No podía sin haber intentado absolutamente todo. Y él todavía no lo había hecho, así que no se rendiría.

Estaba tras la pista de algo mítico precisamente: la fuente de Dios. Se decía que quien bebiera de sus aguas era capaz de curarse de cualquier mal que lo aquejara, desde un dolor de cabeza hasta una herida mortal: el agua tenía la habilidad de sanar a cualquiera de lo que fuera.




Sayo terminaba de guardar las cosas que habían dejado los niños. Enseñaba la palabra de Dios en la Iglesia a los más pequeños entre otras de las cosas que hacían. Esa tarde, se habían dedicado a dibujar. Sanosuke la había acompañado dispuesto a ayudarla más, se había quedado dormido en un rincón de la habitación.

Respiró profundamente y dejó caer un libro pesado sobre la mesa generando un ruido fuerte con el que al fin se despertó el guerrero de un susto preguntando qué había pasado. Ella sonrió y se disculpó por haberlo despertado, aunque era claro que había sido adrede.

—¿Y los niños?—

—Se fueron mientras dormías— respondió terminando de guardar de colgar el último dibujo en el corcho de la pared. Con eso, había quedado todo listo.

Se sentía mucho mejor ahora. Aunque sólo estaba medicada con unos placebos que su hermano preparaba. Por ahora, surtían efecto, aunque ella no sabía que no eran medicina propiamente dicha, servían y eso era lo importante por sobre todo. Al menos, hasta que pudieran hallar la cura para lo que padecía.

Aun así, estaba feliz de volver a ver a Sanosuke y eso, había influido mucho en su estado de ánimo y en su leve mejoría, porque era cierto que aunque Sayo andaba de un lado a otro, no estaba curada, simplemente, podía mantenerse estable durante un tiempo hasta que la recaída la tirase de nuevo a la cama.

Le pidió a Sanosuke que la acompañase a hacer las compras para poder hacer la cena. Aunque Shouzo la ayudaba bastante, desde que había llegado Sano, las cosas habían cambiado y se había alejado un poco dándole ese lugar a Sanosuke. Él la acompañaba y salía con ella a todos lados. Y aunque ella era feliz, a veces se preguntaba las razones sin llegar a enunciar las preguntas en voz alta. Sólo se limitaba a mirarlo con una sonrisa y a seguir con sus tareas: tenerlo cerca era suficiente ¿lo sería para él?




Al terminar el mandado, el atardecer ya caía sobre ellos. Se estaba haciendo tarde, sin embargo, al subir la colina que los llevaría a casa, ella se detuvo mirando el paisaje. Alguna vez había pensado que no había un atardecer más lindo que los que se veía en Honshu, pero en eso también se había equivocado. El ocaso allí era tan precioso como lo recordaba en casa aunque le daba un poco de nostalgia ello.

Sanosuke volvió sobre sus pasos al ver que ella se había detenido un tramo atrás y había quedado hablando solo. Se acercó a ella y se quedó mirando todo en el mismo lugar que su compañera. Era bello, pero era más bello porque estaba ahí con ella.

Él la miró un momento: tan feliz, tan radiante, tan sonriente que ese parecía ser el mejor momento para decirle todo lo que sentía, la verdadera razón por la que estaba allí. Balbuceó su nombre como nunca lo había hecho ¿se había puesto nervioso? El mismo no lo creería si no fuera por había escuchado su voz tan chistosa como ridícula.

Ella volteó a verlo, preguntándole si se sentía bien. Si no era así, podrían descansar un poco ahí o simplemente, apresurarse para regresar a la casa y que se recostara, después de todo, le preocupaba su salud y verlo así era una cosa totalmente nueva, aunque ambos desconocían muchas cosas del otro, estaban dispuestos a averiguar más y más con el pasar del tiempo.

—No, no. Yo sólo necesito estar contigo— dijo tomándola entre sus brazos, tirando al suelo la cesta que llevaba con las compras que habían hecho anteriormente.

Sayo no supo qué decir. Se quedó en silencio, siendo rodeada por los brazos de él, sintiendo el sonido de su corazón agitado en su oído al tenerlo tan cerca. Jamás había estado tan cerca de un hombre que no fuera su hermano y con Sanosuke, esto ya había sucedido antes. Cuando la llevó en sus brazos y su espalda antes de que fueran exiliados. Y ahora. Se sentía arder, sus mejillas estaban muy rojas, ansiando mantener el contacto entre ellos no sólo porque le gustaba sino porque no quería que viera el tono borgoña que había adquirido su rostro en ese momento. Aunque quería decir algo ¡por Dios todopoderoso! Quería decirle algo a Sanosuke, pero su lengua se había trabado en su boca y no articulaba palabra.

Cerró los ojos e inspiró la esencia de Sanosuke, sintiéndose más calmada, apenas pronunciando su nombre cuando escuchó a Shouzo llamarlos a ambos en medio de un grito. Rápidamente se separaron preocupados y un poco avergonzados de que él los haya visto. Estarían en Holanda pero como saben, las costumbres quedan bien arraigadas a pesar de todo.

Shouzo se detuvo frente a ellos, respirando agitado, intentando recobrar el aliento en ese momento para poder hablarles: Shougo había vuelto, pero estaba sumamente herido. Había llegado tambaleante en su caballo, pronunciando una única frase antes de caer del mismo frente a su sirviente: ellos la tienen. ¿Qué es lo que había querido decir con ello? Ninguno lo entendió, sólo salieron a toda prisa a casa, especialmente ella que al escuchar la noticia, su rostro se había transformado completamente. Sayo sabía que esos viajes no iban a traerle nada bueno y ahora, temía por la vida de su hermano.


<<Capítulo 2                                                                                                                   Capítulo 4>>


¡Al fin está el capítulo! Espero que les haya gustado que ya vendrá la acción e.e Nos estamos leyendo <3

¡Se cuidan! Pasen una hermosa noche y un bonito día <3

Bye!

4 comentarios:

  1. Que bonito, tan tiernos... tan ¡awwww!
    Sanousuke me parece el tipico gorila que no dice sus sentimientos, pero los expresa a lo cavernícola... veamos que tal se le da.
    Se está poniendo interesante la cosa, espero poder leer pronto la continuación.
    ¡Cuídate!

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    Respuestas
    1. ¿Verdad que sí? Me gusta mucho por eso xD Es un encanto <3

      Espero que te gusten los próximos capítulos :D

      Bye!

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