domingo, 10 de abril de 2016

Si perdemos el control - Capítulo 7

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien ¡Vengo con capítulo nuevo! Me inspiré el mismo día que publiqué el anterior, pero no quería poner todo de golpe, así que los hago sufrir un poquitín (?)



Capítulo 7

Hacía cuatro días que estaba al lado de su cama. No se había movido en lo absoluto de allí. Heather había mandado a que le colocaran una cama en la habitación para que estuviera más cómoda, pero Kysa no se movía del lado de la cama de él, la cama que habían dispuesto para ella, estaba intacta. Tal y como la habían dejado en la habitación, la cama había quedado. Se dormía en la silla o apoyada en el borde de la cama, esperando que él despertase.

Por momentos, no sabía qué era peor: haber dejado su trabajo o saber todo lo que su trabajo le hacía saber. Morgan había perdido mucha sangre y aunque ella había dado los primeros auxilios hasta que llegó la ambulancia, aun no despertaba y eso, la tenía con los nervios de punta. Y es por eso mismo, había perdido mucha sangre y… ¿si no despertaba? Llevaba cuatro días sin dar respuesta alguna. 

Había recibido las dos balas: una en el hombro, la otra en el pecho, casi rozando su corazón. Aun no sabía en qué momento había llegado él y pasó todo. Simplemente, sintió el sonido de los disparos y lo vio caer y en ese momento, dejó de importarle el caso en lo absoluto. Aunque Jack había llegado a acompañarla momentos después contándoles el desenlace de todo. Morgan los había llamado mientras corría detrás de ella, indicándole las calles por donde estaban. Cuando el muchacho se levantó e intentó escapar, lograron apresarlo. Y sólo al segundo interrogatorio confesó de haber estado con Nataly y haberla matado. Dijo que había sido un accidente, más, en vez de actuar como en cualquier accidente, él simplemente, se deshizo del cuerpo. Jack no le creía en lo absoluto su defensa, sin embargo, habían logrado hallar los restos de la joven gracias a que él les había indicado el lugar, corroborando tristemente, que la joven había fallecido.

Su padre llegó devastado a comprobar que era su hija. A Jack siempre le afectaban esas cosas y que su amigo estuviera internado por el mismo caso no hacía que su situación mejorase. Él pasaba gran parte del día en el caso, pero como jefe, se tenía que hacer cargo de la investigación también, pues, el caso había dejado de ser de Morgan para pasar a ser suyo ahora.





—Deberías ir a casa. No te has movido de aquí desde hace días— dijo Jack despertando con dulzura a Kysa.

Ella se frotó los ojos y negó con la cabeza, acomodándose el cabello con los dedos para dirigirle una mirada a él y luego, a Morgan, quien seguía durmiendo en la cama.

—Estaré bien—

—Pero no has dormido bien en días. Y apenas has comido—

—Ve a casa— insistió una vez más.

Heather entró a la habitación justo cuando discutían por ello.

—Es inútil. Es más terca que mula empacada cuando quiere— dijo acercándose a ella y soltando una bolsa en su regazo —te traje ropa limpia. Vas a ir a las duchas y te vas a cambiar esa ropa manchada al menos ¿entendiste?—  le ordenó.

Kysa iba a rebatirle algo pero no podía. Las miradas que le dedicaba Heather eran terminantes. No tenía opción: o lo hacía o lo hacía. No tenía más alternativa. Simplemente, suspiró y se fue de la habitación. Tampoco es que tuviera las energías para devenirse en una pelea sin sentido. Las cosas eran simples. Jack tampoco la ayudaría ¡justo ahora había conseguido un aliado para él! Así que tenía la batalla perdida.

Tomó el bolso y se dirigió al cuarto de baño.

No iba a negarlo: extrañaba a Morgan. No escuchaba sus comentarios sarcásticos ni sexistas ni sus intentos de conquistarla o convencerla para que volvieran a salir juntos. Nunca había pensado que hasta iba a extrañar sus crueles comentarios. Se había acostumbrado tanto a él que lo echaba en falta sin importar qué. Pensar que podría seguir en la cama era algo que le erizaba la piel y la hacía temblar. No quería eso, ni mucho menos. Le gustaba ver a Morgan quejarse y burlase de la vida, rechazar casos hasta que uno le interesase y tenerlo con una sonrisa socarrona en frente de ella mientras discutían alguna tontería con un café de por medio. Eran cosas tontas, demasiado simples, pero esos días que había pasado en ausencia de todo eso, había notado lo mucho que le hacía en falta y lo mucho que lo extrañaba. Lo quería, no iba a negarlo, lo quería más de lo que ella pensaba.




Jack agradeció a Heather por haber intervenido y sacar a Kysa un rato de la habitación. Estaba preocupada por él y lo entendían, pero temía también por ella. Había intentado incluso con Marissa, que se fuera a casa a dormir una noche mientras uno de ellos se quedaba con Morgan y nada de eso había servido con ella ¡era testaruda! Entendía por qué le gustaba tanto al ex militar.

Se dio una ducha que la ayudó a despejarse. Se sintió más liviana cuando cerró la llave del agua y se secó. Estaba un poco más tranquila y es que necesitaba distraerse un momento. Kysa era demasiado devota de las personas que quería y así, terminaba descuidándose en situaciones como ésta.

Salió con una sensación de esperanza renovada, mirándose al espejo del baño. La verdad, su aspecto físico no había cambiado mucho. Aún estaba ojerosa y pálida, como en estos días que había estado esperando al lado de su cama que él reaccionara. Más, al llegar a la habitación, vio que ninguno de los dos estaba ya ¿a dónde se habrían ido? Y eso, la motivaba a quedarse ahí. Si él despertaba no quería que estuviera solo ¡nada de eso! Así debiera permanecer allí el mes completo, lo haría, después de todo, quería a Morgan.

Dejó la bolsa con su ropa sucia en la cama libre que había en la habitación, la que había colocado para ella y que ni si quiera, había estrenado. Cerró un poco la ventana, el viento que entraba era bastante fresco y hasta ella había sentido el frío. Y así, cuando acabó con todo, se volvió a sentar a su lado.

—Tienes olor a hospital—

Y sin que pudiera creerlo, había escuchado su voz ¿era él? Kysa lo dudó, pero al llevarse la mano a la cabeza y ver que se frotaba los ojos hizo que toda duda que tenía en sí, se difuminaran hasta quedar en nada: estaba bien. 

—Normalmente, tienes olor a frutas y a coco— continuó con su razonamiento, apoyando los antebrazos en la cama intentando erguirse, haciendo una mueca del dolor al sentir la punzada en su pecho. Hasta ahora comenzaba a hilvanar las cosas y si estaba en el hospital, era por haber recibido dos balazos. Se tocó la barba, casi examinándose de manera rigurosa antes de mirarla —¿Hace cuánto duermo? ¿Cuatro días?—.

Kysa no dijo nada. Sólo sintió que una lágrima escapaba de uno de sus ojos y simplemente, lo abrazó. Él, no dijo nada, tan sólo, acarició su espalda manteniendo su brazo sano sobre su cuerpo, cerrando los ojos y dejándola desahogarse.

Cuando al fin se sintió mejor, se disculpó con él y se sentó en la silla una vez más. Lo regañó por querer moverse cuando aún no estaba en condiciones para hacerlo e intentó disimular las marcas del llanto en su rostro, buscando un pañuelo descartable y comenzando a limpiar su rostro.

—Me tienen que disparar más seguido— dijo él sonriendo burlón.

—Idiota— dijo ella doblando el pañuelo  con una media sonrisa para luego, levantarse y tirarlo. Volvió a sentarse y se quedó mirándolo un momento —me asustaste— confesó al fin en un hilo de voz. A veces, olvidaba lo peligroso que podía ser un trabajo como ese. Aunque tenían sus días buenos, casos tranquilos, que no involucraban tanta adrenalina como este último, había otros que sí, que la hacían recordar lo vulnerables que se volvían en esas situaciones.

Estaba feliz después de todo.

Jack entró a la habitación trayendo dos cafés cuando vio a Morgan en la cama junto a Kysa. Sonrió alegre acercándose a ellos. Le entregó un café a ella y el otro, a Morgan. Luego, buscaría uno para él, por ahora, iba a quedarse un rato a charlar con ellos.

—Sabían que debían usar balas de plata para matarte— comentó Jack con una sonrisa al lado de la cama.

—Todos sabemos que no importa cuánto me disparen, no me mataran—

Jack hasta lo creía cierto. Estaba seguro de que habían estado en varias balaceras, tanto en sus años de soldados como en sus años de carrera juntos y tenía un dios aparte Morgan, aunque él se negara a aceptar la existencia de Dios, Jack estaba seguro de que sus habilidades para esquivar la muerte siempre habían sido únicas.

—Debes cuidarte más— le advirtió —y preocuparnos menos.

—Tú te preocupas por todo. No eres exactamente el que debería decirlo. Aun tienes miedo de que llegue tarde y Anna me eche de la agencia—

—Debería— asintió repetidas veces —pero no sólo me preocupaste a mí en esta ocasión— dijo mirando a Kysa que hasta ese momento, se había quedado en silencio observándolos a los dos hablar.

—La contagias de tus preocupaciones, como haces con todos— respondió mirando a la muchacha.

Jack suspiró: era inútil intentar razonar o hacer que se sensibilizara un poco. Morgan era Morgan, sin importar qué pasara. Era difícil que a su edad, llegara el momento que lo hiciera cambiar absolutamente todo en él y esa manera de pensar y de actuar tan propia de él, casi, indefinible.




En la habitación, estaba nuevamente solo. Kysa había ido a buscar algo de comer para ambos y Jack, había vuelto a terminar su trabajo mientras Morgan miraba el techo impaciente, moviendo sus dedos sobre las sábanas como si tocara un instrumento invisible: un piano.

Heather abrió la puerta y lo sacó de su momento de paz, dispuesta a revisarlo y cambiarle las vendas de sus heridas, que no eran pocas, lo que siempre la terminaba trayendo a un constante deja vu ¿cuándo sería que no iba a verlo en emergencias? Parecía algo difícil de conseguir. Morgan eran tan común allí como los mismos accidentes.

—¿Aun sigues tras de Kysa?— hizo un poco de conversación mientras cambiaba las vendas.

—Claro, aunque ella es difícil. Pero llegará el momento que me aceptara—.

—No será una sabia decisión de su parte— sonrió ella sin quitar la vista de la herida del hombro.

—Por supuesto que no, eso te cerraría el camino a ti y no te gustaría ¿no?— respondió rápidamente arqueando las cejas, más, ella intencionalmente apretó un poco más la herida de él respondiendo a su pregunta con eso. Definitivamente, Heather no era de las que soportaba el humor de Morgan.

—Te superé hace tiempo— respondió luego altiva.

Él la miró de reojo cuando entró Kysa y poco importó que le doliera el hombro. Llegaba con su comida, más, lo más importante es que ella llegaba a acompañarlo a comer, como en los días en que trabajaban juntos largas jornadas. 

Él, estaba seguro de que en algún momento, haría que ella aceptase sus sentimientos por él, no le importaba esperarla. La había esperado ya bastante tiempo, incluso, cuando pensaba que no iba a volver al país por el estado de su madre, él seguía esperándola. Era paciente pero la paciencia se le terminaba. En realidad, deseaba que esa continua espera terminase de una buena vez.

—¿Por qué no vas a casa hoy?— le sugirió destapando el recipiente con su comida. Olía realmente sabroso, nada comparado a la insulsa comida de aquel hospital.

—Me quedaré esta noche aquí—

—¿Y eso por qué?—

Ella no dijo nada, sólo, tomó su mano y sus miradas se cruzaron. No hizo falta decir nada.


<<Capítulo 6  
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¡Y hasta aquí llega el capítulo! Espero que les haya gustado <3

¡Se cuidan! Pasan un lindo día y unas buenas noches.

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡OHHHHHHH! ¡Ya sabía yo que Morgan no podía morir!
    ¡Me ha fascinado el capítulo! Se me ha encogido el corazón y todo... ¡sublime! ¡espectacular!
    Me inventaría más palabras pero sería redundante.
    Me encanta Morga <3
    ¡Esperaré la continuación con muchas muchas ganas!

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    Respuestas
    1. ¡Qué alegría que te haya gustado! He disfrutado mucho escribiendo este capítulo y a decir verdad, empaticé demasiado con Kysa por aquí. Me sentía mal con ella ^^u

      ¡Un gusto leerte!

      ¡Cuidate!

      Bye!

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