miércoles, 27 de abril de 2016

Cita en el bar - Capítulo 2 - A la deriva

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Vengo con actualización de una de las últimas novelas que vengo publicando :D Quiero ponerme al corriente con todo y me doy cuenta de que quiero hacer de todo y me falta el tiempo después, especialmente ahora que tengo que practicar más para la presentación de Junio y entre el canto y el piano, más todo lo que tengo que estudiar, me falta tiempo. Y el frío que me quita las ganas de emerger de debajo de las sábanas :,D Pero aquí me ven al menos, intentaré ir adelantando algunas cositas.





Capítulo 2

A la deriva

Con esfuerzo, había logrado escapar. Aun no sabía cómo había surtido efecto el tirar del caballo a su captor y empeñarse en salir lo más rápido que pudieran ir. Su gran error había sido no considerarla una amenaza. Ella, sumisa, no había opuesto ninguna resistencia a nada de lo que hacían o decían ¡pensaba escapar! Y sentía que pelear con ellos la iba a llevar con todas las de perder. Sin embargo, ahora estaba perdida. Por perderlos a ellos, había terminado mucho más perdida ella. Tan sólo, instaba al caballo al galope, arqueándose hacia el frente e intentando no mirar atrás y ver sus caras cerca de ella.  Cuando se dio cuenta de que no la seguían, tampoco sabía dónde se encontraba. No sabía a dónde debía ir o como volver a casa. El caballo era el único medio de transporte pero ¿A dónde? No sabía ni si quiera, en donde estaba parada, así que caminaba esperando encontrar a alguien y tener la suerte de que supiera guiarla y no comerciar con ella. Aunque iba con cautela. Tampoco quería encontrarse de nuevo a los hombres que la habían llevado hasta ahí, estaba segura de que si lo hacía, no iban a ser buenos con ella. Quién sabe cómo había terminado el que había arrojado del caballo. No podía arriesgarse.

Vagó durante cuatro días hasta que llegó a la conclusión de que no iba a lograr salir del bosque sola ¿y qué haría entonces? No sabía qué hacer, tenía hambre, estaba cansada y quería darse un buen baño. No había encontrado más que unas pocas bayas en el camino y no habían sido las más sabrosas que había comido. El caballo la tenía más fácil, se contentaba con la hierba ¿pero ella? Nada de nada. 

Se sentía bastante desilusionada ¡ni un viajero en el camino! o eso pensó hasta que vio a alguien allí. Lizzy lo había reconocido. Podría no verse como aquella vez. Su barba era menos tupida, su cabello estaba perfectamente escondido por el sombrero de alas anchas cuando lo encontró. Estaba tirado en el suelo, en medio de las hierbas y la maleza del bosque, cubierto de lodo, sangre y su ropa rota mostrando varias heridas.

Se lo quedó mirando unos instantes: ella nunca había estado en una situación similar. Si bien, el poblado se caracterizaba por ser un campo de batalla, su padre se ocupaba de que ella nunca se topara con lo que el denominaba las lacras de la sociedad. Por eso mismo, había fomentado su pasión por el baile y hasta le había comprado un lugar donde pudiera ejercerla sin problema alguno, así, no se cruzaría con ese mundo tan feo y aterrador que la rodeaba. Y ella, había aceptado porque era feliz así. Pero nunca había pensado el día que se iría  lejos de aquella zona de comodidad y estaría en aquel mundo aterrador que le habían pintado desde pequeña y que ella había aprendido a no prestarle atención.

Más, tenía qué actuar. En ése momento, es cuando ella hubiese querido ser más partícipe del mundo real para así, hacerle frente a su problema que ahora, residía en el suelo.

¿Y si estaba muerto? ¿Y si no podía ayudarlo? ¿Y si se desmayaba apenas veía las heridas que tenía en su cuerpo? Se reprochaba esos pensamientos y decidía pensar en todo lo contrario: podría ayudarlo. Podría ayudarlo. En teoría, podría ayudarlo. Recordaba haber leído mucho sobre heridas, ungüentos para sanar males y brebajes varios en algunos libros por mero ocio. Todo eso debía servirle en aquel momento.

Así, decidió acercarse a él, poniéndose de cuclillas. Sus manos le temblaban al acercarlas al cuerpo en el suelo, esperando encontrarlo aun con signos vitales ¡y tuvo suerte! Lo que la hizo respirar mucho, pero muchísimo más aliviada al saber que aun, estaba vivo, inconsciente pero vivo. Ahora, debía encargarse de curarlo ¿Cómo? Necesitaba muchas cosas para ello y ella y apenas contaba con lo indispensable. Sin contar que estaban a la intemperie ¿Encontrarían un lugar donde quedarse? Incluso, una cueva hubiese sido una buena alternativa con tal de llevarlo a un lugar donde estuviera resguardado hasta recuperarse.

—Por favor, no te mueras— le pidió pasando el brazo del hombre por su cuello y sosteniéndolo de la cintura para empezar a andar en busca de refugio. Con mucho esfuerzo, logró subirlo al caballo y fueron deteniéndose en algunos momentos para que ella descansara y de paso, para recoger algunas hierbas que podrían servirle que iba dejando cuidadosamente entre sus brazos.

Después de unas horas de andar más o menos, se toparon con una vieja choza en medio de la nada. Las hierbas la cubrían casi por completo y la rama de un árbol atravesaba la puerta por la parte de afuera, sin embargo, eso a Lizzy no le importó en lo absoluto: era un techo y eso era más que suficiente para ellos en aquel momento. Necesitaban resguardarse y por sobre todo ahora que comenzaba a anochecer y ella estaba sola contra los bandidos y animales salvajes. Así que era un buen refugio. Después de varios días de vagar, un techo venido abajo era mejor que el cobijo del cielo abierto.

Se las ingenió para abrir la puerta que estaba trabada por el paso del tiempo ¡quién sabe desde cuando estaba abandonada! Dentro, la hierba se veía crecer casi de la misma forma, entrando incluso, por las ventanas o algunas maderas levantadas del suelo. Se llevó varias telas de arañas puestas y levantó polvo al caminar. Tendría que limpiar el lugar más tarde. Más, ella se dedicó a inspeccionar bien el lugar antes de dejar dentro a su compañero por si había algún animal salvaje allí dentro. Con suerte, sólo pudo encontrar el nido de unos pájaros en una ventana que terminó por dejarlo allí hasta que organizara un poco todo.

Lo bajó del caballo e hizo que el animal siguiera hasta el jardín de la vivienda y se quedara pastando allí. Ya conseguiría agua para él en unos momentos. Más, al volver por su acompañante, no lo encontró en el lugar donde lo había dejado. Se preocupó y lo llamó, más, no tenía idea de su nombre, así que era cuestión de buscarlo nada más ¿Qué tan lejos podía ir alguien tan mal herido como él? Lo dudó varias veces pero ¡había perdido al herido! Suspiró pesadamente cuando sintió el filo de  una navaja sobre su cuello. Apenas respiró para no moverse y salir lastimada gracias a eso.

—¿Quién eres y para qué me trajiste?—

—Sólo intento curarte—

Él no dijo nada. Es más, estaba sorprendido al escuchar la voz de una mujer allí. Flaqueó un poco la amenaza alejando la navaja de su cuello, pero su paranoia volvió al momento: no podía confiar. Nadie le aseguraba que no fuera una mujer dispuesta a matarlo.

—Vete. No te necesito— la soltó haciéndose hacia atrás, chocando con una mesa de la que levantó una cortina de polvo al ser golpeada.

Lizzy estaba sorprendida del trato de aquel hombre. En el bar había sido una persona totalmente diferente y ahora, resultaba ser bastante distante e indiferente. Volvió a suspirar moviendo su mano para disipar la cortina de polvillo que se había levantado en el ambiente. Estaba decidida a algo y no se iba a rendir.

—Yo no

—¡Qué te vayas! Estaré bien solo— la interrumpió él, más, sólo causó la molestia en la muchacha.

—¡Mientes! Estabas inconsciente cuando te encontré y apenas si te sostienes en pie. Mírate ahí, aferrándote a una madera sucia para no caer— lo desafió molesta. ¡Estaba iracunda! Y es que tan sólo había querido ayudarlo, no necesitaba que la tratara con semejante indiferencia —tan sólo, déjame ayudarte. Te curaré— e iba a seguir pero vio como él perdió la fuerza de su brazo y cayó al suelo. 

Lo sostuvo en brazos y buscó donde acostarlo. Había visto una cama, así que como pudo, improvisó algo para sacudirla un poco y limpiarla aunque de manera muy superficial, debía encargarse de él primero. Él seguía consciente sólo que no volvieron a intercambiar palabras después de la discusión.

Lizzy lo ignoró, en algún momento, se le pasaría, tampoco es que ella fuera una loca capaz de matarlo mientras lo atendía. Por el contrario, sólo quería ayudarlo por aquella bonita noche que habían pasado juntos.

Se las arregló para curarlo haciendo algunos ungüentos y consiguiendo agua cerca de un riachuelo que pasaba cerca de allí. Hirvió un poco de agua para desinfectar las agujas y el hilo que encontró y cosió sus heridas. Por último, usó su chaqueta para hacer unas vendas improvisadas debido a que no tenía nada para poder cubrirlas. Entablilló su brazo derecho y habiendo terminado, lo dejó descansando mientras ella pensaba en dejar el lugar en condiciones. 



La casa estaba abandonada y estaba segura de que ninguno de los dos tenía un lugar donde quedarse, así que aquella choca mal trazada se convertiría en su hogar y para ello, debían dejarla en condiciones. Además, podía aprovechar varias de las cosas que había allí, para conseguir agua, por ejemplo y limpiar un poco todo. Al menos, hasta que él se recuperase y se fueran, aunque ella simplemente, no sabía cuándo sería eso o hacía donde irían. ¿Podría ayudarla luego y mostrarle el camino de regreso a su hogar? Podría ser una buena posibilidad. Podría volver con su padre de esa manera, aunque primero, debería asegurarse de que se recuperase por completo.

Comenzó por el interior de la casa, en la mañana, se dedicaría a dejar el exterior presentable en lo posible. Primero, se dispuso a quitar el polvo de todos los muebles que aún estaban en condiciones de ser usados pues, esos quedarían en la casa, los demás, se irían. Así, estuvo una hora hasta que quedó el amoblado en perfectas condiciones, otro tema eran las raíces y las maderas rotas. Pero estaba cansada para seguir, así que se dispuso a sentarse unos momentos. Lo que ahora necesitaba era conseguir comida y dinero. No contaba con ninguna de aquellas herramientas fundamentales y tampoco, sabía cómo llegar a un lugar donde conseguirlas ¿podría buscar algo comestible en los alrededores? Quizás, tuviera algo de suerte aún que era de día. Había encontrado bayas anteriormente, con suerte, podría buscar nuevamente las mismas.

Encontró una cesta vieja y maltrecha, pero cuando acabó de limpiarla y arreglar un poco las tiras de mimbre que sobresalían, pensó que podría ser un buen lugar para cargar lo que encontrara en el camino. Y tuvo suerte de encontrar algunas frutas en aquella zona y bayas. Era todo con lo que contaba pero era algo, mucho más de lo que había conseguido anteriormente vagando sola por lo que pensaba, su suerte estaba cambiando. Cargó las suficientes para ellos y el caballo que pensó que aquello dulce podría gustarle, así que con eso encima, volvió a la casa. Debería pensar en volver a su hogar y cómo conseguir dinero. Quizás, en la casa hubiera algo que pudiera servirles a ambos. Separó las frutas después de lavarlas y trocearlas bien. No sería mucho, pero sería suficiente como para pasar la noche. Comió su porción y guardó todo, habiendo separado una para el hombre que estaba durmiendo en la habitación. Entró y lo vio sentado en la cama, con la mirada fija en la pared del frente, más, él la volvió a correr, sin embargo, tampoco se dejó amedrentar por él en esta ocasión. Entró y se acercó a él diciéndole que le llevaba algo de comer.

—Estoy bien—

—Claro que no, estás herido y debes alimentarte— refutó ella acercándole la comida, pero él, no hizo un gesto alguno.

—Está bien, dámelo— suspiró él más, su mano no llegó a agarrar la comida, por el contrario, estaba esperando recibirla. 

Lizzy lo miró con desconcierto.

—¿No me ves? Te la estuve ofreciendo desde hace rato—

Él guardó silencio confirmando sus sospechas. Lizzy se sentó en la cama corriendo su mano y comenzó a trocear la comida en porciones tamaño bocado. Sólo había hecho algunas rebanadas grandes y en su condición, no creía que era lo mejor.

—Abre la boca— le ordenó

—No dejaré que me alimentes—

—¡Perfecto! Lo comeré yo entonces— aseguró ella triunfal quedándose allí, haciendo gestos y fingiendo degustar la comida observando el estoico rostro de él, hasta que al fin, el hambre pudo más que su orgullo y terminó por aceptar que ella le diera de comer.

Lizzy sonrió complacida. Había cedido ya. Era cuestión de tiempo para todo.

—¿Cómo te llamas?— se atrevió a preguntar antes de que ella se fuera.

—Soy Elizabeth. Aunque creo que nunca me han llamado así, suelen llamarme Lizzy. Puedes decirme como prefieras—

—Soy Robert— respondió él haciendo una breve pausa —lo mejor es que te vayas en la mañana. No es seguro que estés aquí.

Ella no dijo nada. No iba a discutir sobre eso: no se iría. Así que simplemente, bajó por un jarra con agua para llevarle algo de beber al mal herido. Aún estaba sorprendida por su estado ¡jamás hubiese pensado que no era vidente! Lo había visto desenvolverse con tanta soltura y naturalidad que lo último que imagino es que había perdido la vista. ¿Sería reciente? No, no creía que tuviera la habilidad de aprender a valerse tan rápido como un invidente que no lo parecía. Ya debía de estar acostumbrado desde hace tiempo.

Le dio de beber y se quedó un rato con él en la cama.

—No me iré— rompió el silencio al fin —si no es seguro para mí, mucho menos para ti. Tienes heridas profundas en tu estómago, omoplato y piernas, cortadas varias en el resto del cuerpo, un brazo roto y moretones en todos lados. Y por sobre todo, no puedes ver nada. No puedo abandonarte en esas condiciones—

—No serías la primera.

—Entonces, seré la primera en quedarse— sonrió decidida. Estaba insegura de ser capaz de valerse por su cuenta, aunque no lo demostrara, pero aun así, estaba contenta de haber podido hacer algo en su ignorancia. Sólo iba a ser cuestión de tiempo para que aprendiera del mundo y pusiera en practica todo lo que había aprendido de sus libros.

—Soy un asesino— contó rápidamente con afán de asustarla y de que lo dejara —seguro has escuchado de mí: Robert Hunter. Podría matarte ahora mismo si quisiera.

—¿Y por qué no lo hiciste antes?— respondió ella sin ni quiera pensar en el peso de sus palabras —tuviste la oportunidad de rebanarme el cuello hace unas horas y no lo hiciste.

No hubo respuesta alguna.


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Espero les haya gustado <3 ¡Se cuidan!

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡Oh! Robert es un poco troglodita... pero tiene pinta de ser un buen chaval.
    Espero impaciente la continuación.
    ¡Cuídate!

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    Respuestas
    1. Tiene algo de eso, el muchacho, pero creo que a pesar del mal caracter, tiene su encanto <3

      ¡Bye!

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