domingo, 17 de enero de 2016

Si perdemos el control: Capítulo 3

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Ya actualicé arreglos ¡Al fin! Así que ahora le toca a esta novela. Espero demorar menos en actualizar el siguiente capítulo, que a este lo tenía escrito casi completo, más, no terminaba de darle un final que éste debía ser el capítulo decisivo de la historia porque no daba para estirar el caso a otro capítulo, al menos, no soy de las que los estiras por mero gusto, a menos que tenga algo que contar en medio (?)

Pero bueno, pasando ya esta falta de convencimiento, he logrado terminar el capítulo



Capítulo 3

Encendió el estéreo del auto y dejó sonar a Gerry Rafferty mientras intentaba ordenar sus ideas y que algo de todo lo que estaba sucediendo tuviera alguna conexión lógica. Iba a ciegas, como tantas otras veces donde sólo un presentimiento lo guiaba. Y la ciudad era grande para un simple presentimiento, pero también, la suerte lo acompañaba, era cuestión de jugar bien sus cartas. Y tenía el presentimiento de que no iba a necesitar sacar un as de la manga.

—¿A dónde iremos?—

—¿Tienes la seguridad de que los dos que atrapamos son la mente maestra del rapto?— preguntó mirándola un momento antes de volver la vista al frente. Kysa negó —te apuesta una cerveza a que estoy en lo cierto.

Ella se rió. Era increíble cómo podía tomarse las cosas en serio si nunca lo demostraba.

Miró por la ventanilla mientras su compañero subía un poco el volumen y comenzaba a tararear el tema en las introducciones del saxofón. Le encantaba aquello. Kysa, disfrutaba de algunos de aquellos temas, pero especialmente, de la pasión que Morgan ponía al cantar: la música lo complementaba.




Fue hora y media de viaje hasta que vieron una casa en medio de la ruta. Era largo el tramo y aun les faltaba camino, pero no perdían nada con parar y averiguar un poco de la zona. Morgan detuvo el auto y se bajó con Kysa de éste, caminando hacia la entrada de la casa, donde vieron a un anciano sentado en su mecedora viendo el paisaje, tomando el fresco de aquella soledad que reinaba.

Morgan saludó al hombre deteniéndose en frente de la casa, antes de llegar al pórtico de la misma. El hombre les devolvió el saludó y preguntó qué se le ofrecía. Así, el investigador, sin mediar muchas palabras ni protocolos, sacó la fotografía que habían exhibido a diestra y siniestra durante aquellos dos días y se la mostró al hombre que tardó unos minutos en colocarse los anteojos para poder ver mejor a la muchacha de la fotografía.

—La buscamos ¿La vio por aquí?—

No tenían muchas esperanzas, pero como dicen, quien no arriesga no gana y bien era sabido que Morgan era de arriesgarlo todo. Y tenía buenos resultados la mayoría de las veces. El resto, mejor no contarlo.

Pero aquel gesto en el rostro del anciano evidenció que tenían al destino de su lado: la había visto, casualmente, en la mañana. Había llegado corriendo a su casa pidiendo ayuda, justo cuando el fumaba su cigarro de chala cuando la joven apareció irrumpiendo su apacible tranquilidad. No llegó a decirle mucho, pues, había llegado su hermano y se la había llevado. Según le había contado, la pobre sufría trastornos mentales y tenía crisis como esas. El anciano bien le creía pues, si se habían mudado a aquel lugar tan lejos de todo con su familia había sido precisamente, por la enfermedad pulmonar de su esposa, buscando un lugar tranquilo, cómodo y en el que pudiera respirar del aire puro. Por lo que encontraba válida aquella explicación sin llegar a hacer más preguntas.

—¿Hace cuánto pasó eso?— preguntó Kysa más preocupada que Morgan.

—Era temprano, apenas había cantado el gallo—.

Y sólo les quedaba preguntar hacia donde se habían dirigido para emprender marcha. No dijeron mucho más, se despidieron del hombre que estaba terminando de preparar una nueva chala y subieron al auto una vez más. Las cosas avanzaban, y ahora más que nunca, sabían que simplemente, la muchacha había sido llevada por alguien más a la fuerza, de lo contrario, aquella situación no se hubiese sucedido.




Una casa antigua, demasiado. Estaba con la pintura cayéndose por fuera, con marcas de moho por el paso del tiempo y a lluvia que no le daba tregua a la edificación. Cualquiera pensaría que la casa estaba sola, abandonada en aquel paraje, pero al ver a la Volkswagen Amarok  nueva estacionada al lado de la misma, las cosas cambiaban.

—Sería mejor que te quedaras en el auto— le sugirió Morgan al ver que ella bajaba pero Kysa se negó a esperarlo en el auto —entonces, tan sólo sígueme la corriente. Que si estoy en lo cierto,  no te gustará lo que verás dentro—. 
           
    Aun sabiendo eso, no se retractó y lo acompañó. Se arrimó a la puerta entreabierta y pasó, más, al sentir el olor del humo, mantuvo a su compañera cerca de él, pasando un brazo por la cintura de ella y siguiendo hasta una especie de recepción, donde se veía a una mujer joven, de alrededor de unos treinta años, perfectamente vestida y maquillada, fumando un cigarrillo mientras hojeaba una revista. Lo que era raro considerando el lugar donde estaban, pero seguro, para los conocedores, llegaban a buen puerto. 

                Su anfitriona habló con rapidez y algo de desgano, la típica resignación de quién hace su trabajo sólo porque no le queda otra salida, más, en ningún momento dejó de fumar.

—Suele ser más concurrido en las noches— aclaró al ver que casi no había clientes, como un disculpa por ello, más los llevó a una habitación donde había varias mujeres en paños menores.

Kysa no supo qué decir ante ello. Actuaba lo más relajada que podía pero nunca había estado en un burdel, por el contrario de Morgan que parecía conocer bien el lugar o importarle muy poco la situación. Cualquiera de las dos sería válida tratándose de él realmente. Aunque bien sabía que era parte de la profesión, meterse en zonas rojas era parte de la tarea que enfrentaban con cada caso. Pero era su primera vez.  Más, confiaba en su compañero y eso, era importante, sino, no hubiese aceptado estar ahí sin un plan si quiera, era todo sobre la marcha, como solía pasar con él.

Suspiró, tenía una idea de lo que podía suceder ahora, así que debía estar alerta, espabilada. Más, contra todos los pronósticos de Kysa, Morgan esperó a que la mujer que los había llevado allí les diera la espalda para tomar su brazo y doblarlo sobre su espalda. Quiso decir algo, pero fue él más rápido averiguando cuántos había en el burdel. Kysa se cercioró que nadie se acercara al mirar por la puerta entreabierta mientras él iba por sus particulares métodos de investigación. Como ella no respondió a la primera, torció más su brazo, asegurándole que era capaz de quebrárselo si no cooperaba, más, el temor es mucho más fuerte que cualquier otra cosa, por lo que ante el dolor y la amenaza recibida, acabó por lanzar algunos datos de mala gana.

Las jóvenes que estaban en la habitación viendo al detective, quedaron sin palabras. Ninguna hizo nada, tampoco actuó. Eran jóvenes, novatas y quizás, hasta ya hubiesen perdido toda esperanza de salir de ahí. El shock de ver a alguien actuar de esa forma y sentirse aún más inseguras, las dejó inquietas.

Tres personas más había en el edificio y después de dejar atada a la mujer para tener el factor sorpresa de su lado, salió pidiéndole a su compañera, que quedara allí con las muchachas, preferentemente, en silencio para no levantar sospechas.

Kysa había llamado a Jack y contaba con que él y sus hombres llegaran pronto al lugar. Más, ella no tenía intención de quedar quieta hasta que llegara ayuda, por el contrario, debía ayudar como fuera, que Morgan no la había contratado exactamente porque era una tierna ovejita. Cuando quería, la muchacha era bastante osada.

Y sin más, apenas Morgan cruzó la puerta, quedaron las mujeres solas. La recepcionista que los había atendido ahora se encontraba maniatada y con la boca tapada para que no gritase. Lo que menos querían era perder el factor sorpresa, más, la detective estaba ahí, organizando a las muchachas para que se sumaran a prestar ayudar ante todo.



El edificio era grande. Morgan subió las escaleras con sigilo, intentando que sus pasos no hicieran ruido sobre el cerámico de cada escalón. Incluso, hasta procuraba que su respiración se mantuviera al mínimo. Nada podía delatarlo. Y en esos momentos, recordaba su entrenamiento para ser invisible hacia el enemigo y vaya que le había sido útil como detective. Estaba seguro de que había usado más esos preceptos siguiendo pistas que el campo de batalla, lo que era demasiado irónico para él.

Divisó el pasillo al final de la escalera: no había nadie, pero oyó voces de una de las habitaciones. Entró sin que le tiemble el pulso, haciendo un ruido estruendoso al golpear la puerta contra la pared por abrirla tan fuertemente. Había pensado en muchas posibilidades, incluso, que tuvieran armas de fuego allí, pero no podía perder más tiempo. Se había jugado la vida más de una vez y estando en aquella situación, no había oportunidad de echarse hacia atrás tampoco.

Los vio al lado de la puerta, sentados alrededor de una mesa bebiendo algo. No le prestó atención a esto, más, fue directo a bajarlos, uno a uno. Si tenían armas, sería cuestión de inmovilizarlos rápido cosa de que no tuvieran tiempo de usarlas. Y lisiado y todo, Morgan aún conservaba su agilidad, no la misma de sus veintes, pero para su edad, se defendía muy bien, especialmente, mejor que unos simples empresarios.

Golpeó a uno en el plexo solar y aunque el otro quiso defenderse, los reflejos del veterano fueron mucho mejores, haciendo que se golpeara con la mesa después del golpe: dos menos. Los reviso en el suelo y ató de mano con las corbatas que ambos llevaban al cuello.

Pero si bien, había dos menos, al voltear se encontró con un tercero que en esta ocasión, lo apuntaba con un arma de fuego. Podría haberse sentido intimidado pero las había pasado peores. El problema ahora era realmente, escapar de aquel tipo en una sola pieza o con el menor daño posible.

—Estoy en Jaque— dijo Morgan con una sonrisa socarrona sintiendo el clic del arma, cargando la bala lista para que saliera disparada hacia él.

—¿Eres de la policía?—

—No, tan sólo, buscaba a una de tus muchachas.

Bastante simple la explicación, más, si el otro tenía ganas de encontrar razones antes de matarlo, él aprovecharía el tiempo para buscar la forma de darle la vuelta a la situación. Mucho no podía hacer bajo la mira del revolver a menos que algo sucediese. Fue entonces cuando vio aparecer a Kysa detrás de él y sin pensarlo, al ver el arma, se arrojó sobre el hombre, quedando colgada de su espalda, más, él había llegado a dar un disparo que acabó siendo desviado gracias a ella a la pierna derecha de Morgan. Este cayó al piso mientras la muchacha forcejeaba con el hombre llegando a tal punto de que lo mordió en el brazo haciendo que soltara el arma y por fin, se deshiciera de ella, cayendo al piso. Más, Morgan se había puesto de pie, algo inestable aun, golpeando al sujeto en la cara. Su rostro golpeó en la sien contra la perilla de la puerta, haciéndolo quedar en el suelo bastante aturdido.

Kysa se levantó y fue a ver a Morgan. Sintieron pasos por el pasillo y vieron aparecer a Jack con otros hombres detrás de ellos.





—¿Te lastimaste?— preguntó ella al salir con su compañero, desalojando el lugar con el resto de los oficiales. Jack se había acercado a ellos a contarles un poco más del caso.

—La bala me dio en la prótesis— suspiró —me hizo perder el equilibrio pero estoy bien— se cruzó de brazos y miró a su amigo —¿Cómo llegaste tan rápido?—

—Conseguimos que uno confesara a cambio de una reducción de la condena. Cuando llamaron, estábamos cerca. Pero no podías esperarnos ¿no?— respondió Jack un poco más aliviado al saber que nada malo había sucedido. Sintieron el disparo en lo que iban subiendo y por un momento, pensó lo peor. Su profesión era un continuo problema cuando sus amigos estaban metidos en el medio y la sensación de no poder llegar a tiempo lo carcomía por dentro.

Terminaron de desalojar a las muchachas. Ambos se quedaron viendo hasta que subieron a la última de ellas en las patrullas para volver a su vida diaria o lo que podía quedar de ella después de semejante suceso.

—Me debes una cerveza— rompió el silencio Morgan casi susurrándole al oído aquellas palabras a Kysa.

—¿Cómo?— lo miró sonriendo a medias.

—Te dije que si mi intuición acertaba, me invitarías una cerveza— y subió al auto, encendiendo el motor para volver a casa —es eso o quieres pagarme el arreglo de la prótesis nueva—.

Ella sonrió, subió al auto y se dirigieron a un bar de camino a casa.


Cigarro de chala: es una forma de preparar el tabaco que se hace con la cáscara del choclo —la chala— y se prepara el tabaco allí, generalmente, perfumado con alguna hierba aromática, anis o cáscara de naranja. Es algo común de ver en la zona del campo.

Les dejo de extra la canción que tarareaba Morgan. Y eso sí, ha sido todo por ahora.

¡Que tengan una bonita noche y pasen un bonito día!

Bye!

2 comentarios:

  1. ¡Oh! Que interesante, que misterio... sigo siendo fan de Morgan, aunque Kysa también tiene su carácter.
    ¡Sigo leyendo!
    :D

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    Respuestas
    1. Hasta ahora, poco protagonismo le vengo dando a ella, pero esto se irá viendo un poco más con el pasar de los capítulos, que cobrarán un poco más de protagonismo otros personajes. Aunque a Morgan le encanta robar páginas (?)

      ¡Te cuidas!

      Bye!

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