domingo, 17 de enero de 2016

La inspiración: las musas, esas creadoras del mundo

¡Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Sinceramente, últimamente vengo bastante cansada y ahora que estoy engripada, peor. Para mejor, tengo que cantar el martes y para como me va con la garganta, dudo que llegue a articular una nota si quiera. Odio el clima tan inestable quela corriente de viento más leve ya me tira a la cama. Pero bueno, no es ese el tema que venía a presentarles hoy, sino, de lo que muchos pueden conocer ya: la inspiración. Otro tema jodido, pensarán.

Algunos creeran en ella, otros no. Según la concepción antigua de la inspiración, eran las musas que se acercaban a los artistas, poetas, hombres enamorados a susurrarle al oído ideas que éste iba plasmando en el lienzo, el papiro o en las cuerdas de su guitarra o laud. Así, el artista era sólo un mero instrumento de las musas para poder hacer oír lo que ellas tenían para decir. Así, existen todavía, personas que creen que alguien les susurra al oído diciéndole ideas para encarar una obra.

Personalmente, no creo en eso. La inspiración, no existe, es algo propio. Alguna vez leí en un libro y luego, en un test —por muy raro que suene— la división de hemisferios del cerebro. El izquierdo es el lado analítico, que trabaja con los procesos lógicos, mientras que el derecho, es el de asociación que trabaja por sintesis. Desde pequeños, es mucho más fácil usar el hemisferio derecho pero a medida que vamos creciendo y especialmente, con el colegio y la familia, empezamos a hacer que predomine el lado lógico y analítico del cerebro, dejando el lado creativo a un segundo plano. A nivel subsconciente, la mente trabaja absolutamente todo, lo que a veces, cuesta llevar a nivel conciente, sin embargo, por la asociación, es que pasa, tenemos muchos recuerdos. A veces, ni si quiera tiene que ver mucho uno con lo otro, pero llega el momento en que haces clic y la idea surge, el recuerdo surge, un nuevo momento para ser creativos se hace presente ¡cualquier cosa!. Desde este punto de vista, lo que se llama inspiración no es otra cosa que una de nuestras facultades haciendose escuchar. Me gusta pensar esto, me gusta pensar que soy yo la que hago las cosas. Aunque por supuesto, muchas veces, necesitamos un catalizador para que puedan llevarse las ideas a cabo, darle forma y terminar de plasmarlas al papel, el lienzo o la partitura. Sin embargo, a diferencia de los poetas, nosotros estamos dándole forma a esto que llamamos inspiración y si podemos canalizarla y guiarla, es que no es tan externa como dicen: uno no obliga a las musas a llegar.

Creo que no sólo es un idea, sino, un sentimiento que puede cobrar forma, algo que teníamos y ni si quiera recordabamos. Me gusta pensar que lo que la mente olvida el alma aun lo recuerda y muchas veces, esas ideas tan brillantes, esas palabras que salen de nuestras manos unas tras otra hasta que se nos acaba el papel surgen de allí: de emociones guardadas. De algo nuestro, profundo y muy propio. No por nada uno a veces siente que al mostrar la obra, se muestra desnudo frente a los que miran: muestra una parte muy propia de uno. Al menos, a mi pasa. Me pasa que mostrar mis obras es algo que me desnuda a la vista de los demás, sea música, poesía o una simple idea. No sé si seré a la única que le ha pasado este sentir cuando alguien ve algo de nuestra creación. Es exponerse al mundo porque eso que estamos mostrando muestra mucho más de lo que uno cree.

Si alguno cree en vidas pasadas, tendría una razón más para creer que todo está en nosotros y quizás, nuestras ideas no son más que esos recuerdos que nos fueron quedando de aventuras que no llegamos a concretar, o que concretamos y olvidamos al volver. Quién sabe exactamente.
La inspiración es compleja. De todos modos yo creo que hay por momentos algo exterior. En muchísimas ocasiones, el poeta, el escritor, recibe unas voces que no tiene dentro sino que están afuera. Las recibe de distintos modos. Me gusta lo que decía Robert Graves: él decía que la musa era la mujer amada. El amor es un fuerte motor y yo creo que facilita el paso a un estado de conciencia superior. Y después otra musa es la muerte. Después de todo escribimos porque nos vamos a morir. Si no nos fuéramos a morir, ¿qué sentido tendría inventar vidas? La muerte es el precio del amor. Y yo no estoy seguro de que preferiría una vida perpetua y sin amor.

Alejandro Dolina 
No sé si existirán las musas, como dice Dolina, que se camuflan en otras formas para hacernos crear algo más. No sé si habrá otra cosa que nos dicta o nos incita a crear. Prefiero creer que no, me gusta creer en mi teoría del catalizador, que la gente, las palabras, las músicas, los accidentes, cualquier cosa, es capaz de hacernos llegar a sacar aquello que estaba dormido en nosotros o mejor, que se estaba macerando, esperando el momento para salir a la luz. No sé ustedes, pero así, no peleo con seres fantasmales por quién tuvo la idea que plasmé.

Pasen un bonito día y unas buenas noches.

Bye!

2 comentarios:

  1. Que bonito. Me ha gustado mucho la entrada. La inspiración, yo creo que tiene vida propia dentro de mi cuerpo. Es un ser que viene cuando le da la gana. Diría que es como un gato. No lo puedes controlar, y cuando lo haces pierde su magia. Aunque lo que dice Grave y Dolia me atrae... es verdad, que cuanto más enamorado y más sensible estás mejor te expresas.
    Pero no sé, creo que cada uno tiene su propia inspiración. Yo tengo mi gato (mi inspiración) que viene y va, cuando quiere.

    saluditos~

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    Respuestas
    1. Pues, creo que es un tema que da mucho para hablar y depende mucho de uno también xD de cómo lo vea y como la perciba.

      Gracias por leer <3

      ¡Cuidate!

      Bye!

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