jueves, 7 de enero de 2016

¡Al diablo las antiprincesas! A mi me gustan los cuentos

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien :D Yo vengo con un tema polémico como los que a mi me gustan, a ver qué opinan sobre ello. Ayer, chusmeando algunos blogs y conociendo algunos nuevos, me topé con El Demiurgo de Humlingham donde planteaba el tema de las antiprincesas gracias a un libro de cuentos infantiles. Y es exactamente en lo que están pensando que va el tema: desprestigiar a las princesas, es justamente, antitodo. Pero eso no es todo. Estas personas no quedaron ahí y buscaron a mujeres famosas, adaptando y mutilando su historia para niños en un libro de cuentos infantiles de antiprincesas, donde nos encontramos a mujeres importantes y quizás, no tanto de la historia. Para los que no sospecharon, es un libro feminista, por lo que sí buscan, encontraran ese lado de que las mujeres no están en la historia y no sé cuántas cosas más, todo el cannon que expone el femenismo que al final, creo, busca todo menos la igualdad. No soy feminista ni machista, pero este tipo de personas, me llega a molestar sinceramente.

Personalmente, no estoy de acuerdo con ello. Los cuentos existen por una razón: son didácticos. En los cuentos, existen formas de ayudar al niño a que crezca, fomente su imaginación y empiece a manejar conceptos como el bien, el mal y por sobre todo, a tener esperanzas ¿Por qué todos los cuentos tienen finales felices? Por motivación, por esperanzas, por darle algo en qué creer a los pequeños. Si tuviera hijos, no le daría a que lea como sufrió Fridha en vida y lo fea que se veía —porque ella se veía fea, por eso mismo, se pintaba así—. A mi, personalmente, me parece aberrante esto porque se le quita toda la magia, toda ilusión y todo atisbo y oportunidad de sumergirse en mundos mágicos, fantásticos y fuera de cualquier alcance humano.

Quizás, esté bien para darle un refuerzo al niño luego, pero no sustituiría uno por el otro. Es decir, no les presentaría todas las desgracias de la humanidad por no contarle el cuento de La cenicienta o Caperucita roja. Seguramente, hay personas que sí. Personalmente, yo no lo haría. No me parece correcto. Yo hubiese sufrido leyendo solamente eso de niña.

No sé sinceramente a donde quieren llegar las personas que se ponen a desglosar parte por parte y a juzgar y querer estirpar como si fuera un tumor canceroso todos 'los cliches' de los cuentos. O lo peor, pensar en prohibirlos porque hacen que los niños crezcan con ideas raras. Y creo que esto, es lo peor que puede pasar. Estoy a favor de la libertad de expresión pero siento que a estas personas, habría que censurarlas no porque no esté de acuerdo con lo que dicen, sino porque cuando uno habla, hay que decir cosas coherentes y a hablar de machismo o feminismo en un cuento, no es coherente. Dime que tu jefe es machista y es otro tema. Un cuento es un cuento. Y punto. Y precisamente, vamos a reinos fantásticos y llenos de magia y seres extraños donde la coherencia es ajena a todo mundo. Sabemos que un hombre de hojalata no necesita un corazón, es estúpido pensar en eso, pero encaja perfectamente en el cuento de Dorothy. Sí, no tiene lógica, pero esa falta de lógica y coherencia es lo que hace que la historia tenga un punto de partida y nos lleve a leerla y a disfrutar con ellos. La suspensión de la incredulidad vuelve en ese momento y es cuando sabemos que si un tornado arrasa la casa, no va a matar a la protagonista sino que la llevara a otro sitio. Es magia. Es fantasía. Es ficción. Y ahí, no se discute. Es ficción y punto. En la ficción es donde los estereotipos funcionan, donde los finales felices y el 'vivieron juntos por siempre' sí da resultado. Es cuando un príncipe puede enfrentar a un dragón con una espada y matarlo y donde a una princesa le puede crecer el cabello kilómetros y kilómetros y lanzarlo desde la torre sin perder ni un pelo ni tampoco, caerse por el peso del caballero. Es ficción. Y punto.

Yo crecí con cuentos de princesas. Cuando era pequeña, tenía un libro enorme, encuadernado y con tapas duras, llena de hermosos dibujos de principes, princesas, dragones y quién sabe cuántas otras cosas fantásticas se veían en sus páginas. Se llamaba 'un tesoro de cuentos de hadas'. Y era realmente un tesoro porque tenía los grandes clásicos y algunos no tan conocidos recopilados y perfectamente ilustrado en cada una de sus páginas. Crecí con él, crecí con los cuentos que se inventaba mi madre antes de irme a dormir. Crecí con las princesas de Disney y otras que no son de Disney. Había una colección de VHS de cuentos infantiles adaptados a dibujos animados que tenía 30 videos y yo tenía la colección completa de ellos, con historias llenas de magia y estereotipos.

No sé qué es lo que se gana con atacar a los cuentos, con atacar a Disney y todas las historias con las que hemos crecido. Incluso, sigo leyendo esas personas que se quejan de que eso está mal porque es 'falto de realismo'. Y yo tengo ganas de gritarle que si es falto de realismo es porque uno necesita escapar de la realidad. Para realidad, tenemos la calle, tenemos el informativo, los realitys shows, los libros de historia, las personas que han vivido la historia, nosotros mismos. No necesitamos más realidad. Por el contrario, yo que creo que falta mucha, pero mucha dosis de magia, de creer, de ilusionarse, de tener esperanzas. Y es que te pones a pensar que haya tanto realismo y tanto de lo mismo en todos lados y te da miedo. A mi me aterra pensar que la realidad circundante pueda estar en todos lados, incluso, hasta en mis libros favoritos. Y veo tanta gente desesperada de que pase eso y realmente, no sé qué me asusta más.

Me gusta la magia. Pensar que está Narnia detrás del ropero, la plataforma 9 3/4 en alguna parte de un andén de tren, que uno es capaz de pelear con molinos o de volar en una alfombra mágica. Que un día las brujas se mojaran y se derretirán o que un niño comerá una estrella fugaz para no dejarla morir. Que un libro puede llevarte a la China antigua o que eres capaz de sacar al hombre que hay detrás de cada bestia, que una princesa puede despertar con un beso o que una bruja puede robarte la voz a cambio de vivir como humana. Me gusta pensar, me gusta soñar. Me gusta la fantasía y pensar que si he tenido un mal día, habrá un rincón que me estará esperando en algún libro, alguna película, un corto, cualquier cosa que sirva para distraerte del mundo circundante. Porque después de todo, más allá de las moralejas, las enseñanzas e historias de vida, no es otra cosa que una distracción que necesitamos para desconectarnos, relajarnos y volver de nuevo a nuestra faena con un poco más de paz, quizás, un poco más de sabiduría, pero por sobre todo, más concentrados para emprender la próxima faena.

Yo crecí con princesas, algunas sumisas como Cenicienta, algunas rebeldes como Bella, algunas independientes como Pocahontas y aventureras como Mulan. Crecí con corsarios, piratas y sables. Aliens, viajeros sin nombre y liliputienses. No condicionaron mi vida a ser una mujer sumisa, como creen estas señoras, tampoco, condicionaron mi vida a vivir en un mundo irreal, pero me dieron herramientas para soñar y pensar que no todo es exactamente lo que vemos porque hay cosas que no se ven y forman parte de nuestra vida. Y creo, por sobre todo, que eso es sumamente importante. Fomentar la imaginación y la creatividad es algo importante, no sólo como escritor, la creatividad nos ayudara a diario en nuestra vida, para resolver problemas, para hallar soluciones rápidas, para hacer un proyecto ingenioso, para inventar algo sumamente útil o inservivle ¡no importa! Pero dará el impulso a pensar más allá y salir de esos límites que te impone día a día la sociedad.

Quizás soy soñadora, pero mi dosis de realidad es la justa y necesaria.

No sé qué tanto éxito tenga la colección antiprincesas. Desde mi punto de vista, es un producto hecho por adultos, para adultos, pocos niños podrían llegar a interesarse en algo como eso a temprana edad —quizás, más tarde, como lo hice yo. De niña leía el diario y me aburría de las noticias y entonces, buscaba mis libros y era más feliz. Más tarde, empecé a ver el informativo y a leer el diario a conciencia, pero nadie me quitaba mis historias antes y aunque aun lo hago, nadie me quita mis libros—. No sé si habrá niños iguales, al menos, yo era así.

Y antes de seguir extendiéndome, voy a ir cerrando todo esto porque voy a seguir hablando a este paso.

¡Opinen! Y nos leemos :D

Bye!

2 comentarios:

  1. Buff, que tema tan polémico. Tengo una opinión demasiada larga para un comentario, pero estoy contigo en todo lo que has dicho. Los cuentos están para soñar, para disfrutar y sobretodo, hay que pensar que son historias de otra época. No hay que ponerse tiquismiquis, tan sólo disfrutar y ser feliz.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy bueno eso, de hecho, cualquier historia está hecha para disfrutarla, más allá de ponerse a pensar en detalles tontos o que te sacan canas verdes, la idea es distenderse un rato y no hacerse mala sangre (?).

      ¡Nos vemos!

      Eliminar

¡Hola! ¿Cómo estás? Gracias por pasar a leer mi blog y agradezco que vayas a comentar. Me encanta leer sus opiniones.

Si quieres que dejar invitación para que pase por tu blog, pincha aquí.
Si vas a afiliar o dejar confirmación de ello, por aquí

Gracias por no hacer spam <3 Y si lo haces, ten presente de que borraré tu comentario por no estar relacionado con la entrada ¡Estás avisado!

¡Qué tengas un lindo día!

Bye!