jueves, 17 de diciembre de 2015

Creer o reventar

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Yo vengo de nuevo con otra entrada de la propuesta 'Inspirándome con un elemento'. En esta semana, había que escribir sobre una palabra: campanario. La verdad, desde que leí el reto, tuve una historia dándome vueltas en la cabeza y hasta ahora, le he terminado de dar forma.

Hará unos cuántos años había escuchado una historia sobre campanas. Mentiría si recuerdo exactamente dónde la escuché —seguramente, la radio que había muchos programas que seguía que contaban este tipo de relatos—. Este relato contaba que las campanas sonaban sin moverse ni tener el badajo —que es el pistilo de la campana que la hace sonar—. Según cuentan la historia, había un capellán que hacia un riguroso ritual todos los días tocando las campanas a las 15 hs. Así fue durante varios años, incluso, hasta sus últimos días, que empezó a padecer una terrible enfermedad. Murió, más, las campanas seguían sonando exactamente a la misma hora. Las personas de la capilla, del pueblo, tomaron la decisión de quitar las cuerdas a las campanas, más, sin surtir efecto, se les quitó el badajo, pero el sonido continuaba. Hasta la fecha, se sigue oyendo el sonido de las campanas en el lugar: campanas que suenan sin badajo.

Pensando en esta historia, saqué el punto de partida para la mía. Espero que les guste :D

Creer o reventar

Era fácil, tan sólo debían viajar al último lugar donde la habían visto: el campanario. Sí, su esposo había dicho que había estado obsesionada con el campanario que sonaba sin tener a alguien que las tocara. Según le había dicho, se habían conocido en aquel lugar, donde las campanas sin badajo sonaban cada mañana y cada tarde. Nadie le encontraba una explicación lógica y hasta, pensaban que era un milagro, algunos, obra de un demonio. Mil teoría había alrededor de ello. Más, después de muchos años, el tema volvió a salir entre ambos y justo después de eso, ella desapareció. ¿Por qué? ¿Qué encontraría en el campanario que no hubiese encontrado en diez años? Probablemente, nada, pero era la única pista que tenía y por eso mismo, había recurrido a la agencia.

Morgan encendió el auto y puso un cd de B.B. King antes de Kysa llegara al auto y subiera de copiloto con dos vasos de café y su pequeño maletín con lo mínimo indispensable. Iban a salir de la ciudad y quién sabe, cuánto iban a tardar en su búsqueda, así que iba preparada como era normal en ella.

—¿Por qué no escuchamos algo más alegre?— se quejó apenas abrió la puerta y el sonido de la música llegó a sus oídos.

—Eso es bueno. Es cultura musical— le sonrió tomando el café y dejándolo a un lado para comenzar camino. Iban a pasar varias horas en el auto y como regla general de Morgan, quién conducía, elegía la música, lo que muchas veces, hacía rabiar a su compañera, pues, pocas veces dejaba que condujera a su bebé.



Eran las seis de la tarde cuando se detuvieron en un puesto de paso donde había parados dos camioneros a comer. Morgan y Kysa se acercaron a pedir algo y se quedaron en la barra junto con aquellos dos hombres hablando de su viaje. Inevitablemente, sus compañeros escucharon su conversación introduciéndose en ella.

—No vayan por ese camino. Ya son las 18:30. Nunca deben pasar por el atajo cuando ya han pasado las 18 hs— les advirtió uno de los hombres un poco perturbado al hablar de ello —nunca pasa nada bueno al hacer eso—.

—¿Por qué? ¿El camino está maldito?— dijo Morgan con sarcasmo sin si quiera dignarse a mirar a sus consejeros. Ambos camioneros se miraron, más, Kysa sí le prestaba atención y los alentó a que les contará qué es lo que sucedía con el camino mientras su jefe disfrutaba de su sándwich como si nada.

—Son muchas cosas las que se dicen. Una vez, entramos. Una jornada larga, un camino corto. Usted sabe las facilidades que implica eso, señorita. Fue terrible todo lo que pasó en aquel kilómetro antes de volvernos y quedar a la orilla hasta el amanecer. Nunca más volvimos. Dicen que algunos entran y no salen— se persignó, se besó la mano e hizo un gesto lanzando el beso al cielo —Gracias al santo patrono que logramos salir de allí. Por eso, deben esperar o tomar la principal. Demoraran más, pero llegaran que es lo importante—.

—Tonterías— soltó él sin mucho tacto dejando el dinero sobre la barra para luego, levantarse y dirigirse al auto. Kysa lo siguió, no sin antes, recibir una nueva advertencia de aquellos hombres de que fueran por la principal o esperasen al día siguiente.

Kysa era mucho más fácil de convencer que Morgan. Aunque las leyendas no eran lo suyo, otra cosa era cuando escuchaba experiencias de alguien más. Ella creía en lo inexplicable, a diferencia de Morgan que aquello que no era probado de manera empírica, no tenía sentido o simplemente, era una estupidez. Era una gran diferencia entre ellos.

Y como era de esperarse, sin hacerle caso a las advertencias, Morgan tomó el atajo no sin haber discutido con Kysa de ir por otra ruta. 

Todo parecía ir bien durante unos quince minutos, pero el sol ya casi no iluminaba nada y el camino se volvía más oscuro. No por falta de vegetación, la cual, prácticamente, carecía. Lo único que pudieron divisar en el camino fueron piedras y tierra seca. No había plantas de ningún tipo en lo que la vista llegaba a alcanzar. Por eso, cuando aquella rama se metió por la ventanilla casi dándole de golpe en la cara a Kysa, las cosas comenzaron a tomar otro rumbo. Nunca hubo un árbol, pero, aquella rama gruesa y llena de ramificaciones, hubiese atravesado su cabeza si no se hubiese echo hacia atrás en el asiento a tiempo. 

Fue el primer mal síntoma.

Discutieron por eso, por no haber visto el árbol, porque la rama quedó metida en medio del autor, por muchas cosas.  El clima no ayudaba y recordar lo que les habían contado de las cosas extrañas que pasaban a los visitantes no hacía que esto cambiase.

—Si no quieres seguir discutiendo, no hace faltas que pongas un estúpido partido— le refutó más molesta aun cruzándose de brazos y mirando por la ventanilla, ahora, con la precaución de haberla cerrado. Pero llegaría su segunda sorpresa: Morgan no tenía si quiera una radio. Había un reproductor de cds, pero no contaba con radio si quiera, simplemente, reproducía cd. Y era así de básico porque él tampoco se había esforzado demasiado en buscar ello. Tan sólo quería música en su auto y los discos de vinilo no eran una opción para ello.

Una nueva discusión se hubiese generado entre ambos de no ser porque estaban buscándole al aparato aquello que les dijera que era posible que un partido de futbol se oyese. Pero no había absolutamente nada de ello. Tampoco podían apagarlo. El partido seguía. 1 a 0 y acababan de meter otro gol.



No quedaba otra opción que buscar la forma rápida de salir de allí. Pero lo que había parecido un atajo se volvía un camino interminable. La radio no ayudaba en nada. Las cosas que veían sus ojos tampoco. Kysa rezaba, Morgan, sólo le reprochaba lo inútil que era hacer ello, pero ella, como siempre hacia, lo ignoraba y seguía en lo suyo.

Quedaba una tercera sorpresa: una mujer con luz propia. El auto se ahogó al cruzarla justo en frente del camino.

—¡Pero qué diablos haces! ¡Avanza!— le gritó Kysa al ver que aquel ser que cada vez se asemejaba menos a una mujer, se acercaba a ellos. Se veía su joroba, su vestido blanco y un andar demasiado extraño.

—Es el auto— gruñó dando vueltas las llaves en el contacto.

Pero no iban a negar que los nervios se veían por parte de ambos, más, Morgan jamás iba a admitirlo, ni aun bajo tortura.

—¡Quítate! Lo haré yo— y sin mucho más, la muchacha se levantó del asiento haciendo maniobras para cambiar de conductor y que ella pasara al asiento. No se iban a dejar alcanzar por lo que fuera que estuvieran viendo y estaba segura, que cuando salieran de aquel lugar, se iba a encargar de darle la reprimenda de su vida a su jefe por semejante estupidez. Cuando dicen que un sitio es peligroso, es peligroso. Y punto.

Entre balbuceos y varios forcejeos con el contacto, pisando a más no poder el acelerador, logró hacer que arrancara sin necesidad de bajarse. No le importaba si el motor reventaba, mientras pudiera hacer andar el auto y salir de allí, iba a ser más que feliz. 

Hizo un último intento. Menos de un metro los separaba del espectro. Sólo se encomendó a Dios y a lo que sea que tuviera que pasar, cerrando los ojos, girando la llave y metiendo la palanca de cambios para pisar el acelerador a fondo y atravesar de una buena vez por todas de aquel camino. Atravesaron a la mujer, como si nunca hubiese estado allí. Ni si quiera se dignó a mirar por el espejo retrovisor por miedo a verla de nuevo, más, Morgan sí lo hizo, asegurándole que no estaba  más allí.

Pudieron respirar tranquilos durante unos segundos. Unos quince minutos más tarde, vieron una gasolinera, un lugar perfecto para parar, tomar un descanso y revisar el auto.




Bajaron. Morgan iba a buscar a alguien que le echara una mano, Kysa compraría algo de comer dentro. 

Como toda gasolinera en la noche en medio de la nada, estaba prácticamente deshabitada salvo por un hombre que comía un sándwich mirando fijamente por la ventana, con la mirada perdida en un punto fijo fuera. Esto, le dio un escalofrío a la muchacha. Algo en ella se estremeció al verlo, corriendo rápidamente la vista y buscando al encargado para pagar rápido su comida y salir fuera.

Caminó con rapidez hacia el auto mientras Morgan salía del baño de la gasolinera. Había tirado la comida al piso después de ver el estado del auto: estaba cubierto de polvo y pequeñas huellas de manos y pies se veían por encima de éste, cubriendo desde el techo, los vidrios, el capo, todo. Fue suficiente para que ella limpiara rápidamente el parabrisas y de un grito, instara a su pareja a subir al auto para encenderlo nuevamente y pisar el acelerador al máximo: aún no habían salido.

No tenían idea de a dónde se dirigirían o cuánto era qué estarían allí ¿Sería que hacia tanto tiempo que estaban? Era obvio que el camino no tenía salida. No había salida de ella. Y eso, comía los nervios de la mujer. Estaba llegando al límite y podría jurar que su veterano compañero también estaría en esas condiciones aunque apenas intercambiaran palabras entre ellos.

Otra hora de conducir al límite de la velocidad. Nada parecía cambiar hasta que sonó el claxon de un camión, apareciendo a contra mano. Era camino único por lo que no había alternativas posibles: el impacto era inminente.

—No pienso ni morir ni quedarme pérdida aquí— y aunque Morgan intentó hacerla entrar en razón, abogando a la locura de la mujer, no le importó meter quinta en el Volkswagen Santana que, luego de esta odisea, iba a tener que ir sí o sí a parar con un buen mecánico.

            Ambos cerraron los ojos al estar casi a centímetros de impactar, oyendo el sonido del claxon alejarse hasta perderse y quedar en completo silencio. Kysa frenó de golpe respirando profundamente intentando normalizar su agitado corazón al ver que había amanecido y estaban en otro sitio completamente diferente al que habían estado dando vueltas: habían escapado.

            —Pero si haces unos segundos…

            —Era de noche— finalizó la frase ella quitándose el cinturón de seguridad y bajando del auto. Volvían a ver el camino, estaban cerca de la principal, dos kilómetros según el cartel en medio de la ruta. Eso fue como un volver a nacer, respirar tranquila y esperar a olvidar todo lo que habían pasado en aquella interminable noche.

 

 

            Se sentó en la mesa con el desayuno de ambos y una sonrisa en el rostro. Tomó sus cubiertos y cortó una porción de sus hockeys para luego, dirigir la mirada a Morgan de manera picarona.

            —¿Aún no crees?—

Él levantó una ceja dejando la taza de café en la mesa antes de probarla.

—¿Me estás diciendo que estas es una de esas situaciones en las que debo creer o reventar?—

—Exacto— sonrió triunfal esperando oir una respuesta de él, algo motivador, algo que lo hiciera pensar que no todo en el mundo tiene una explicación lógica.

Él se rió y negó con la cabeza dando un sorbo al café. Quizás, creería. Quizás, reventaría. 

Reventaría.



Hacía tiempo que quería poner a Morgan en una situación como ésta y la propuesta se dio para ello XD Espero, les haya gustado :D

Bye!

4 comentarios:

  1. ¡Hola! Me ha gustado mucho este relato sobre todo por el género. La parte del espectro es muy inquietante, cómo se va acercando con apariencia extraña... Y al final del todo va Morgan y no admite que cree. Ha estado muy bien. ¿Morgan es un personaje tuyo que aparezca en otras historias?
    Un saludo :)

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    Respuestas
    1. ¡Hola! De hecho, Morgan es demasiado difícil de convencer o de hacer que admita algo, algo que me encanta de él <3

      Y sí, es un personaje de otra historia. Se llama 'Si perdemos el control' y puedes verla por http://sonandounodetussuenos.blogspot.com.ar/2015/12/si-perdemos-el-control.html o en las mismas etiquetas de la entrada que también sale.

      ¡Cuidate!

      Nos vemos <3

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    2. Sí, he visto que tiene dos capítulos. Pues los leeré en cuanto pueda, me gusta este género y quiero conocer más sobre estos personajes :)

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  2. Claro, cuando tengas tiempo. Pronto actualizaré la historia :D

    ¡Cuidate!

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