domingo, 29 de noviembre de 2015

Si perdemos el control - Capítulo 1

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien <3 Les traigo un nuevo proyecto que he comenzado en estos días. Sé que a 'Arreglos...' la tengo un poquito abandonada, pero como vengo subiéndola con caratulas y algunos dibujos extras, quiero ponerme un poco al día con ello que hasta ahora, no he dibujado ni coloreado nada nuevo x.x Así que probablemente, la termine subiendo la semana entrante al capítulo siguiente —con suerte, llego a hacer una maraton subiendo varios capítulos juntos—.

Bueno, les comento que he empezado ésta novela con personajes bastante diferentes a los que suelo usar. Si bien, alguna vez, creo, hice un cuento con personajes mayores, creo que éste es la epítome de todos, así que es un desafío en cierta forma de tratar de adolescentes/jóvenes a adultos a tener ya a un personaje no muy lejos de la tercera edad.


Si perdemos el control
Capítulo 1
                Llegaba y ya tenía trabajo. Él llegaba tarde. Kysa también. Ninguno de los dos era puntual y aun así, su jefa los soportaba porque eran buenos en su trabajo a pesar de que el reloj no era de sus mejores amigos.

                Le dejó un archivo en su mesa de trabajo y lo esperó allí para regañarlos a ambos. Kysa era asistente de Morgan, por lo que correspondía a él hacerle el reclamo por estar a su cargo, más, Anna no iba a tolerarle ningún tipo de tardanzas a él. Y era normal, era su jefa. Pero, si algo tenía claro es que a él tampoco parecía afectarle. Iba en contra de las reglas, en contra de la ética y todo lo estéticamente bueno. Era desprolijo hasta para vestir. Quizás, su profesión no lo requiriese tampoco pero a ella, que era su jefa, sí que le gustaba ver a sus empleados presentables. Le reclamaba muchas veces de que fuera un poco más formal, no quería un traje y corbata, pero seguramente, podría subir unos peldaños de la camisa y el vaquero oscuro.

                Y tampoco lograba nada en ése aspecto. Simplemente, dejaba los papeles a su cargo y se iba. Era en vano hacerse mala sangre por ello después de tanto tiempo de tenerlo de empleado. Debía aprender a respirar hondo, contar hasta diez y suprimir las ganas de golpearlo hasta que le llegara otro caso.

Morgan tenía todo lo que necesitaba y sólo necesitaba ver a Kysa en el lugar de siempre: el café veintitrés, escondido en medio de un callejón oscuro que servía uno de los mejores café que había probado en sus cincuenta años de vida.

Al entrar, vio a la muchacha sentada con dos tazas de café sobre la mesa, leyendo el periódico de la mañana. Ni lo miró cuando se sentó en su mesa. Dobló cuidadosamente el periódico y se quitó los lentes. Lo miró y le sonrió viendo que traía una carpeta que pronto fue arrebatada de sus manos, volviendo a acomodar sus anteojos sobre su tabique para comenzar a ojearlo. Era un caso de los que tenían más: desaparición de personas. Tantos eran los que solían llegarle que prácticamente, se podría decir que se especializaban en ellos.

—Saldremos a bailar esta noche— rió jocosa al leer el expediente. La muchacha había sido vista por última vez en un boliche y algunos nombres de sus acompañantes, descripción de cómo iba vestida, teléfonos. Lo usual.

—Ni lo sueñes— gruñó bebiendo el café y viéndola de reojo.

—No dejaras a una pobre e indefensa mujer sola en un antro como ése—.

—No te preocupes, nadie está tan necesitado para llevarte— espetó con sarcasmo y una sonrisa ladina.

—Puedes decir eso cuando dejes de mirarme el trasero al levantarme— sonrió con picardía volviendo al archivo que estaba leyendo. No tenían mucho más que empezar con el trabajo, así que terminaron el café y se fueron al auto de Morgan.



Su primera parada sería con sus amistades, los últimos tres que la habían visto. Sin embargo, por mucho que habían insistido y que Morgan se esmeraba en analizar cada uno de los gestos de los dos chicos y la muchacha, nada había sido más revelador de lo que ya tenían entre manos. Seguían tan mal como al comienzo de todo, por lo que tendrían que seguir con la búsqueda a ciegas. Tenían nombres de algunos sitios que solían visitar los cuatro al salir, así que sería su próxima ruta en búsqueda de pistas.

—Hermosos amigos— dijo Kysa mirando por la ventana del auto —apenas con quince años y si te encuentran con pareja, ya te dejan sola— suspiró apoyando su brazo en la ventanilla abierta, sintiendo el fresco del aire golpear sobre su piel.

—¿Nunca te has quedado sola con un hombre?—

—¿Acabándolo de conocer en un lugar así? Nunca. Si vas a un boliche lleno de hombres y mujeres calenturientos, lo que encontraras será una calentura— respondió mientras Morgan la observaba de manera intermitente entre ella y el camino con una sonrisa ladina.

—Entonces ¿Cómo podremos tener una noche de calentura sin compromiso?—

Ella se rió y señaló un lugar donde podrían aparcar para poder continuar su investigación. Era un bar con juegos: pool y bowling. Ambos se miraron entre sí antes de entrar. En la noche, baile en zonas marginales, en el día, juegos como esos. Ninguno de los dos terminaba de hallar un patrón, más, debían seguir con lo suyo. Kysa se dirigió a la barra con la foto de la muchacha en mano dispuesta a averiguar por su cuenta mientras que Morgan, iba por su cuenta a dar una vuelta en los alrededores del local, mirando a las personas, el sitio y en sí, todo lo que pudiera ser llamativo para él.

Poca información habían obtenido. Siempre comenzar un caso era duro. Kysa recién lo estaba aprendiendo, hacía poco que había dejado su carrera de doctora para convertirse en la asistente de Morgan. La vocación era un camino sumamente complicado y aunque, ella había terminado sus estudios con éxito, no conseguía encontrarse en la medicina aunque era algo que le encantaba, pero a veces, no podía con ello. Bien decían que si te gustaba lo que hacías, no tenías que trabajar al hacerlo por gusto, pero ella… no encajaba del todo allí. Fueron dos años de prácticas y dos años ejerciendo ya como doctora y no obtuvo resultados favorecedores. Fue entonces cuando se cruzó Morgan en su camino y tomó un rumbo diferente su vida. Aunque en primera medida, no había pensado en trabajar justamente para él, las cosas habían terminado saliéndose de sus manos.



La noche cayó y se encontraron nuevamente, en la puerta del boliche donde debían ir a buscar alguna otra pista y posiblemente, a alguien que frecuentara lo suficiente el lugar como para poder encontrar a la muchacha. Intentaron durante el día, pero el galpón donde la fiesta empezaba estuvo abandonado hasta dos horas antes de abrir, momento que aprovecharon para charlar e interrogar a algunos de los encargados, barmans y conserjes, pero tampoco tenían suerte. ¿Sería posible que pudieran encontrar entre la multitud a alguien que reconociera a la muchacha de la fotografía? Melissa, hasta ahora, era un fantasma que se había esfumado al cruzar el umbral de aquel antro.

Morgan pidió un trago. No era lo correcto, estaba trabajando pero ¿a quién le importaba eso? A él no al menos. Así que simplemente, esperó a que le sirvieran mientras maldecía tener que quedarse más tiempo. Nunca le había gustado un amontonamiento inútil como el de las discos y ahora, con sus años encima, tampoco iba a agradarle eso. Miró a su compañera y notó que alguien más había entrado, levantándose de golpe de la silla, casi a punto de tropezar por usar la pierna derecha en vez de la izquierda para apoyar el peso de su cuerpo. Siguió al hombre hasta el pasillo donde se había metido y decidió seguir su instinto e interrogarlo también. Podría darles algo como podría hacerlos perder el tiempo, pero, no se iba a quedar con la duda, de eso estaba seguro.

Interceptó al muchacho mientras llevaba una caja con botellas y una vez tuvo su atención, le preguntó directamente, si había visto a la muchacha de la fotografía. Pero tampoco tuvo suerte pero sí una idea. Todavía pensaba que la víctima había sido secuestrada debido a que no había dejado rastro alguno como para pensar que se había ido de la casa por algún otro problema y por eso mismo, pensó que el boliche podría ser un lugar perfecto para conseguir presas, por eso mismo, tenía la teoría de que podría volver a buscar más todavía.

Morgan acabó pidiendo al dueño que le permitieran colgar la foto justo en la entrada, donde daban las luces y quedarse junto al guardia de la puerta, no haría nada más que observar a los que entraban, sus reacciones y posiblemente, eso los llevara a algún lugar. No era la forma ideal de trabajar, pero era la que funcionaba para Morgan.

Bueno, espero les haya gustado. Probablemente, a ésta historia no le haga portadas, me encanta el Morgan que tengo en mente, pero no encuentro la chispa de plasmarlo al papel, así que seguramente, quedara a imaginación de cada uno de ustedes.

Bye!

4 comentarios:

  1. Me encanta este género y Morgan parece un personaje muy muy completo. Está muy bien descrito. Volveré para seguir leyendo esta historia.
    ¡Un saludo! :)

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    Respuestas
    1. Muchas gracias. Me alegro que te guste que Morgan debe ser uno de mis personajes favoritos aunque sí, es bastante complejo, quizás por eso es el gusto XD

      ¡Gracias por leer

      Bye!

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  2. ¡Oh! Se ve interesante... seguiré leyendo.

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