miércoles, 7 de octubre de 2015

Arreglos de eternidad - Capítulo 23 - Con la melodía de un shamisen

 ¡Hola a todos! ¿Cómo están? Me prometí actualizar mucho más pronto  y aquí me tienen, ya en mes nuevo y todo y sigo demorándome (?) Ando con flojera, mi pc murió y bueno, el clima y los mosquitos tampoco ayudan en lo absoluto, así que fácilmente puedo decir que no tengo ganas de hacer nada y a la vez, me obligo a hacerlo porque tampoco quiero dejar las cosas abandonadas ya que no es mi estilo éste. Por lo que quizás, no actualice tan seguido como siempre, aunque daré lo mejor de mí para ello que estamos llegando a una parte que me encanta de la historia y quisiera avanzar un poco más también.

No voy a extenderme mucho más, así que les dejo capítulo ya.



Capítulo 23
Con la melodía de un shamisen

Estaban ya en el recinto. Se habían acomodado en los asientos principales más, Tetsuya, los había dejado solos unos momentos mientras iba a charlar con su padre. Así, los tres quedaron hablando un tanto expectantes a lo que estaban por ver. Yuri les contó que nunca había estado en un teatro Nō viendo la estructura de éste con bastante detenimiento. En el teatro, se encontraban dos laterales y sobre el escenario principal, un techo que lo cubría haciendo referencia a las primeras obras de teatro, que se hacían en el exterior. Ellos, estaban en las primeras filas, siendo Myoun la más ansiosa, actuando como si fuera un niño en una dulcería hasta que las luces mermaron y una música tenue encabezada por un shamisen que pronto fue acompañada por una flauta, dio pie al inicio de la obra.



Un hombre vestido de mujer salió del lateral izquierdo a escena comenzando a cantar una suave canción. La música acompañaba a toda la obra entre la danza, la actuación y los diálogos, aunque bien eran pocos pues, todo era cantado.


Contaban la historia de un guerrero samurái y su esposa que, fiel como era, quedó esperando a que regresará de la guerrilla. En Edo, era algo demasiado común y como samurái que eran, no debían deshonrar a su señor en la batalla: peleaban hasta ganar o morir, no había otra elección.


La historia transcurrió entre las vivencias de la guerra y la espera de la mujer. Un año había pasado a todo cuando a sus oídos llegó la triste noticia de que había muerto. Ella, ante la pena, tomó una fuerte decisión llegando al crescendo de la música y de la canción al quitarse la vida bajo un árbol de ciruelos, aquel que descansaba en el jardín, ahora, con su cuerpo a sus pies.







Salieron del teatro con una grata sensación al terminar la obra, quedándose en la puerta para despedirse. Habían arreglado ir juntos hasta la casa de Yuri donde la dejarían y luego, Saitou y Myoun seguirían hasta la suya que vivían más cerca el uno del otro. Así, empezaron camino con la luna ya encima de ellos y aunque estaba despejado, se sentía un aire frío.


Así, mientras caminaban, Myoun sintió algo que le hizo clic al recordar algunas escenas y pensar en ella misma. ¿Qué sería capaz de hacer por amor? Lo pensaba y ella misma se respondía: todo. Pero, no tenía idea de cómo hacerlo o qué hacer en determinadas situaciones, incluso, pensaba que morir tampoco ayudaría a alguien. Más, entre meditación y meditación, no se había dado cuenta de que habían llegado a la casa de Yuri, despidiéndose de ella al verla ingresar a su hogar.





—Estás muy callada— advirtió Saitou mirando a la joven mientras emprendían camino nuevamente —¿pasa algo?


Ella negó con la cabeza, pero, a los pocos segundos, se arrepintió de eso. Iba a hablar, iba a decirlo cuando pasó un hombre empujándola al suelo y amenazando a su compañero con un arma, pidiendo que entregara todo lo de valor que llevaban.


La muchacha sintió el corazón a punto de salirle del pecho al encontrarse en semejante situación. No podía dejar que algo sucediera, más, se levantó del suelo y alguien más la tomó por el cuello, pasándole el filo de un arma por allí.


Saitou iba a defender a su novia, pero la situación se le complicó al verla de aquella manera: estaba en una encrucijada. No podía poner en peligro a Myoun, más, sentía rabia de permitir que le hayan hecho daño hacía apenas unos instantes. Frunció el ceño molesto meditando todas sus posibilidades. Ellos no lo sabía, pero Saitou no era un humano ordinario, sólo se veía como uno y ahora, lo habían hecho enojar, lo que no resultaba bien para ninguno de los dos. Su vista se centraba en su novia pero no perdía conciencia del lugar donde estaba y buscaba algo que pudiera ayudarlo a mejorar las cosas. Estaba oscuro y la misma luz que había a sus alrededores gracias a los faroles podría ayudar en algo: no por nada era conocido como el maestro de las sombras en su antigua vida. Y eso fue justo lo que necesito. Aunque no podía levantar sospechas, así que apenas fue suficiente para formar un látigo y golpear en la cabeza a quien estaba sosteniendo a la muchacha. El movimiento con su mano fue imperceptible debido a que estaba dispuesto —o al menos en apariencia— a cumplir con su propuesta, entregándole su billetera, encontrando momento justo para actuar. Apenas tropezó, Myoun se soltó, aprovechando el joven para atacarlo dándole un golpe en la quijada. Más, no se vio venir el puntazo que recibió en su costado cayendo al suelo mientras ambos escapaban después de eso.


Ella vio todo horrorizada y algo atontada. Había pasado todo tan rápido que aún no lo lograba asimilar, sin embargo, ver la mano manchada de aquel liquido rojizo oscuro hizo que su piel se erizara de miedo y entonces, fue cuando nuevamente, vio la posibilidad de perder a su querido Saitou.


Él, le dedicó una sonrisa, diciéndole que todo estaría bien, más, la muchacha no reaccionó ante aquellas palabras, lanzándose a abrazarlo. Se aferró a su cuerpo y apenas sintió aquella descarga que al principio los separaba, por el contrario, un fuerte calor y una luz brillante los cubrió a ambos haciendo que su mente quedara en blanco por esos escasos momentos en que abrió los ojos y se dio cuenta de lo que había hecho, separándose de Saitou de golpe, sintiendo su corazón agitado y las lágrimas que caían por sus mejillas por aquella desesperación momentánea que había experimentado y que aún estaba en ella, más, insistía en calmarse y hacer algo por él.


Hubo un momento de silencio en que él volteó a verla. Myoun estaba en su espalda, sin saber qué decirle, más, él había sentido aquello recorrer su cuerpo. Una descarga de energía que había hecho que algo en su interior se volviera mucho más liviano y desapareciera el escozor que venía sintiendo en aquellos días.


—Ya pasó— le dijo con calma estirando su mano hasta el rostro de la muchacha para correr sus lágrimas y sentir en aquel momento  que lo peor, ya había pasado.


Sin poder contenerse en lo absoluto, la muchacha ahora sin miedo, aun con una mala sensación en su cuerpo, se aferró a su pecho, llorando desconsoladamente por todo aquello que venía reprimiendo. Todo estaría bien a partir de ahora.

 
Espero les haya gustado. Aquí les dejo dos referencias por si no conocen el Shamisen y  Teatro Nō. Nos estaremos leyendo prontito, palabra <3 Pasen un bonito día y tengan una bonita noche :D

Bye!

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